Qué ver en San Petersburgo

Madrugón involuntario por la luz (que manía tienen los rusos de no usar persianas), al que también ayudaron los ronquidos del ñu que dormía en la habitación de al lado. Mi hotel, el Inn6Line, era sencillo, con todos los clientes rusos (sólo la recepcionista de la noche anterior hablaba inglés) y muy básico, pero era barato y no estaba mal situado (justo al lado de una parada de metro). Si queréis descubrir qué ver en San Petersburgo, acompañadme en este día.

 

BRICONSEJO: el metro de San Petersburgo funciona muy bien, aunque su red es escasa y tiene pocas estaciones; si tu hotel está lejos del centro, mejor que tengas una parada cerca porque las distancias son considerables.

que ver en san petersburgo

Después de degustar un estupendo desayuno soviético en tiempos de guerra (lo que algunos llamaríamos “desayuno espartano”), me preparé para patear Piter (así es como llaman los rusos a San Petersburgo). Salí a la calle y hacía un estupendo día, muchísimo calor para ser primera hora de la mañana. Crucé uno de los tantos puentes sobre el río Neva y me dirigí a la Catedral de San Isaac (de ella os hablaré más adelante ya que este día no la visité por dentro, tan sólo me dediqué a paseármela), el Almirantazgo (edificio privado de la escuela de la armada que llama la atención por su aguja dorada de 75 metros de alto), la plaza de los Decembristas y la plaza Dvorcovaia (donde os encontraréis la impresionante fachada palaciega del Hermitage y la colosal Columna de Alejandro, sostenida por su propio peso, sin anclajes al suelo) y la famosísima Avenida Nevsky, la arteria principal de San Petersburgo. Dediqué toda la mañana a caminar, ya que hacía un día estupendo para ello y Piter es una ciudad que invita a andar, quizás por sus monstruosos espacios abiertos, sus inmensas avenidas y sus preciosos canales; Piter recuerda mucho a una mezcla entre Venecia y Amsterdam pero más señorial, de hecho es conocida con el sobrenombre de la “Venecia del Norte”.

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LA AVENIDA NEVSKY

Paseando por la Avenida Nevsky es imposible no quedarse boquiabierto admirando la arquitectura de esta ciudad. Más de 4 kilómetros de calle que conforman la columna vertebral de Piter. Edificios antiguos, cuidados hasta el último detalle, como la increíble Catedral de Kazan (prácticamente una copia a escala de la Plaza de San Pedro en Roma), la sede de Aeroflot,  el edificio Singer (los de las máquinas de coser) de 1904 y con su gran bóveda de vidrio dominando la calle (hoy librería y cafetería), el Palacio Strogonov, la Catedral de Santa Catalina, el famoso Hotel Europa, la tienda Yeliseev (una de las más importantes en la ciudad a principios del s.XX, hoy reconvertida en teatro), la Biblioteca Nacional de Rusia, el puente Anichkov con sus maravillosas esculturas ecuestres…. Vamos que esta calle es para recorrer una y otra vez sin parar; la vida que se respira en ella a todas horas es, sin duda, una de las mejores experiencias en San Petersburgo.

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Si nos desviamos un poco de esta avenida, a la altura del edificio Singer, podremos observar la Catedral  del Cristo de la Sangre Derramada, con sus llamativas cúpulas. Esta iglesia es uno de los emblemas de la ciudad y su nombre viene dado por ser el lugar exacto donde fue asesinado el zar Alejandro II. Sin duda su exterior es muchísimo más interesante que su interior.

catedral cristo sangre derramada

BRICONSEJO: la Iglesia del Salvador de la Sangre Derramada cierra los miércoles, aunque como ya os he dicho, vale muchísimo más la pena su visita exterior.

catedral cristo sangre derramada

EL HERMITAGE

Después de pasar toda la mañana y comer en una terraza disfrutando de la vida por la gran Avenida Nevsky, me dirigí al Hermitage, el motivo principal para mi visita a San Petersburgo, y la de la mayoría de la gente que viene a esta ciudad. Después de sacar mi entrada, dejé mi mochila en la taquilla, sin darme cuenta que dentro llevaba un plano del museo. “Bahh, no será tan grande”, pensé para mi; como dato curioso os diré que las guías dicen que son 25 kilómetros de laberíntico museo, tiene unos 3 millones de objetos artísticos de toda índole y que dedicándole 30 segundos a cada pieza, tardarías 11 años en verlo entero. “Bah, no será tan grande”…cricri…cricri…

hermitage

El Hermitage es un conjunto de edificios, entre ellos el Palacio de Invierno (por donde se entra y cuya fachada adorna la gigantesca plaza), con bastante superficie en extensión y varias plantas en altura; alberga joyas, pinturas (Velázquez, Rubens, Rembrandt, Rafael, Da Vinci, Monet, Renoir, Cezanne…), esculturas, arquitectura, bibliotecas, relojes, monedas… es una joya de museo en si misma y aunque no llegue al nivel del Louvre (cuya entrada podéis leerla en la sección de París), sí os puedo asegurar que supera con mucho al British Museum de Londres (si tenéis curiosidad podéis encontrar aquí entrada del British).

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Una hora de caminata después no hacía más que perderme, repetir salas, subir y bajar escaleras…buffff, y no había muchas señales en las paredes, y yo veía a todo el mundo con su mapita del museo y no los encontraba por ningún lado. Hasta que me cansé y me di cuenta de que así sería imposible ver nada, por lo que le pregunté a un trabajador:

– ¿Dónde puede conseguir un mapa del museo?

– Me temo que tienes que salir, están en la entrada, junto a las taquillas.

Maldita sea mi estampa…me dirigí a una de las tropecientas salidas que hay, pasé el torno, cogí el puñetero mapa y cuando quise volver a entrar…ERROR!!! El torno no me dejaba, y la señora que había en la mesita de al lado me gira un cartel que pone: “el ticket sólo es válido para una entrada”. Joder, tenía que pensar rápido, no quería volver a pagar y mi fama de colarme en los sitios es legendaria; piensa Javi, piensa. Se me encendió una lucecita rápidamente; en mi vagar por el museo, me había percatado que las tiendas de souvenirs no estaban a la salida (como en casi todos los museos), sino repartidas por varias plantas en su interior, así que mi argucia fue la siguiente:

– Disculpa, ya sé que la entrada sólo es válida para una vez, pero me has visto salir hace un rato, el museo ya lo he visitado, no quiero verlo más, pero me he olvidado de comprarle un libro del Hermitage a mi madre que está muy enferma y me lo pidió como regalo especial de mi viaje.

Si señores, así de ruin soy; utilicé la pena y la mentira para no volver a pagar, y funcionó. La señora me puso la cara más entrañable del mundo (jugar con el instinto maternal no falla) y cuando me iba a abrir el torno, escucho a un militar detrás de mí: NEEEEEET!!!. Me giro y veo como le dice que no con la cabeza a la señora. Pero los astros se alinearon y justo en ese momento llamaron al militar, me giré hacia la señora y con mi mayor cara de pena le dije:

– Pleaseeeeeee!!!

Y ella guiñándome un ojo, activó un botón que me abrió el torno, con lo que pude entrar y dedicarle tres horas más a recorrer el impresionante museo, para acabar saliendo por la entrada más alejada de aquella señora adorable a la que recordaré y querré para siempre.

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BRICONSEJO: el Hermitage abre de martes a domingos de 10:30 a 18:00 (miércoles y viernes hasta las 21:00) y cierra los Lunes. Aunque las entradas se pueden adquirir online y en taquilla, podéis ahorraros el trámite sacándolas en las máquinas expendedoras que hay en el patio principal justo al entrar en el palacio a mano derecha (están en varios idiomas y son súper fáciles de usar, y apenas hay colas). La entrada cuesta 600 rublos pero si tienes un carnet de estudiante entras “by the face”; la entrada también es gratis el primer jueves de cada mes (pero ojo con las colas ese día). Jamás de los jamases entréis en el museo sin un plano.

 

Hay tres cosas que me impresionaron tremendamente en mi visita al Hermitage (todo te deja boquiabierto, pero esto más), y os lo quiero recomendar:

  • El reloj del Pavo Real: uno de los grandes tesoros del museo. Construido en 1777 por un relojero inglés, es una obra de arte de la relojería y la mecánica del s.XVIII. Cuando el reloj da las horas, canta el búho, el pavo real despliega sus plumas gira su cabeza y al final canta el gallo. No siempre lo tienen en funcionamiento, pero justo al lado tienen una pantalla de cómo es su mecanismo. Os dejo el video que grabé de esta maravilla.

  • La Escalera Principal del Palacio de Invierno: un exclusivo ejemplo del barroco ruso del s.XVIII que no te dejará indiferente.

hermitage

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  • El Pórtico de los Atlantes: no hace falta entrar al museo para verlo, ya que es el pórtico que se construyó como entrada al Nuevo Hermitage en el s.XIX y se puede ver desde la calle, en un lateral de la fachada principal.

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JARDINES DE VERANO Y CRUCERO AURORA

Salí del Hermitage plenamente satisfecho por lo que allí había visto; un pecado venir a Piter y no visitar este lugar, seas fan o no del arte, te gusten o no los museos, la visita es obligada. Salí de allí y seguía haciendo tan buen día y estaba tan animado, que me dispuse a otra nueva pateada. Me dirigí andando al otro extremo de la ciudad para ver dos cosas chulas pero completamente prescindibles si no se tiene mucho tiempo en la ciudad: los Jardines de Verano (de estilo versallesco y llenos de esculturas y fuentes) y el Crucero Aurora (el barco que dio inicio a la Revolución Rusa, de mucho más interés histórico que visual), que están bien pero en mi opinión, no merecen semejante caminata. Sin embargo, las vistas del río Neva a la vuelta eran impresionantes, con sus Columnas Rostrales que antiguamente eran faros y están decoradas con proas de barco (esa zona es genial por su ambiente y sus vistas).

jardines de verano jardines de verano crucero aurora

Anochecía en San Petersburgo y mis pies comenzaban a pasarme la factura del día. Echando cálculos un poco después, entra calles y museo, ese día anduve unos 45-50 kilómetros, mal hecho por mi parte, ya que eso marcaría el resto de mi viaje.

BRICONSEJO: no lo quieras ver todo el primer día, reparte el tiempo, porque a lo mejor lo que consigues es no poder andar el resto del viaje.

Cené algo tranquilamente y después de un pequeño paseo nocturno, me fui al hotel a descansar, ya había dormido poco la noche anterior y hoy necesitaba reposo absoluto. Mis pies palpitaban como si los estuviera bañando en lava volcánica. Aún no era consciente de lo que me esperaba.

 

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Continúa en: “Visitar Peterhof”

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