Marruecos

Marruecos, nuestros vecinitos del sur, tan cerca y a la vez tan lejos. Y es que, aunque muchos defendamos todavía aquello de que África empieza en los Pirineos, la verdad es que África, para nosotros, empieza aquí. En cuanto te acercas a los puertos del sur de España (sobre todo el de Algeciras) o a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, ya comienzas a percibir esa mezcla de culturas y razas que se da en todos los pasos fronterizos del mundo; aunque aquí el contraste es muchísimo mayor, ya que esta no es una frontera entre dos países, sino entre dos continentes y dos realidades. Tan sólo 14 kilómetros de océano que separan  la “prosperidad” de Europa del mal llamado Tercer Mundo (entrecomillo lo de prosperidad porque a día de hoy ya no sabes si la imagen de modernidad y democracia que se pretende transmitir es real o no).  Pese a todo, y por mucho que Marruecos pertenezca a África, su cercanía y su contacto directo con países europeos (sobre todo Francia y España), han hecho de este reino un país más próspero, estable y tranquilo que el de muchos de sus colegas de continente. Pese a todo, no podemos olvidar que no es un país rico, y eso se ve en la mayoría de su población y en su estilo de vida.

 

Muchos españoles (y europeos) tienen grandes prejuicios en su visión sobre Marruecos (la mayoría infundados) y piensan que es un país peligroso e integrista, pero nada más lejos de la realidad. Marruecos ha sido siempre uno de los países más estables políticamente hablando de África y, dentro de sus posibilidades y teniendo en cuenta su entorno y situación, es un país relativamente occidentalizado, moderno y seguro, algo en lo que tiene mucho que ver la figura de su actual rey: Mohamed VI, modernizador de la sociedad y realmente venerado por su pueblo (mucho cuidado con hablar mal del monarca en público). De mayoría eminentemente islámica, reconocen el divorcio, el derecho de la mujer a elegir marido, tienen abolida la poligamia y la tutela del varón sobre la mujer, son muy respetuosos con las creencias de los extranjeros y, como todos los pueblos árabes, tremendamente hospitalarios. Durante toda su historia, Marruecos fue un enclave estratégico para controlar el tráfico marítimo del Mediterráneo y con una gran fachada al Atlántico, por lo que fenicios, cartagineses, romanos y bereberes primero, y españoles y franceses después, se disputaron el control de estas tierras. En el año 1956, Marruecos se independiza de los protectorados franceses y desde ese año pugna con España por recuperar la totalidad de su territorio, enfrentamiento que culmina en la invasión del Sáhara Occidental por las tropas marroquíes (recordemos que este territorio, aunque bajo el dominio marroquí, todavía a día de hoy sigue sin ser reconocido por ningún país del mundo ni por las Naciones Unidas y está en la lista de territorios sujetos a descolonización, con todos los problemas que eso conlleva).

 

La especial geografía de Marruecos hace que este país pueda ofrecernos desde el desierto más árido hasta las montañas más nevadas, desde las playas más espectaculares, hasta los valles y gargantas rocosas más impresionantes. Sin duda, su variedad es lo que hace de Marruecos un destino que nunca defrauda. Sus infraestructuras y su impulso gubernamental al turismo, hacen de este país un destino cómodo y agradable, sobre todo para la gente que busca su primer contacto con el mundo árabe o con el continente africano; no debemos olvidar que es el país más visitado de África. Se habla árabe y bereber, muchísimo francés y bastante español (ojo lo que digáis en público los hispanohablantes que lo entienden perfectamente). Si quieres saber cómo fue mi experiencia en Marruecos, puedes consultarla en la sección “Qué hacer en Marrakech”. Y ahora que ya sabemos un poco más de Marruecos, ahí os va mi lista de 10 motivos para acabar de convenceros a visitar este maravilloso país:

 

10 MOTIVOS DE PORQUÉ VIAJAR A MARRUECOS

 

  • Por las 4 capitales imperiales del país: Rabat, Mequinez (o Meknes), Fez y Marrakech. Y es que estas cuatro ciudades son los epicentros culturales e históricos del país. Aquí no sólo encontrarás unas urbes verdaderamente vivas y animadas, sino también el origen social y espiritual de los habitantes de este país.
  • Por sus zocos y medinas. Los auténticos centros de las ciudades, inmensos y laberínticos mercadillos donde todo se vende, todo se negocia y todo se regatea. La vida de Marruecos se desarrolla en zocos y medinas. Especialmente recomendables la medina de Fez y el zoco de Marrakech.
  • Por sus riads. Las tradicionales casas árabes de estructura con patio central (y alguna fuente o piscina en el centro), y las habitaciones dispuestas alrededor y arriba, con una preciosa balconada y una terraza donde sentarse a tomar un buen té bajo las estrellas. Lo espectacular de los riads son su cuidada decoración interior, en gran contraste con la sobriedad exterior (normalmente un muro sin ornamentación y una puerta que encierra las maravillas del interior). Aún siendo un poco más caros que los hoteles, si quieres una auténtica experiencia marroquí, procura alojarte en un típico riad.
  • Por el desierto del Sahara; el desierto cálido más grande y famoso del mundo. Y es que desde Marruecos se pueden hacer infinidad de excursiones al Sahara, desde circuitos en camello, hasta aventuras por las dunas en 4×4. Sin duda una experiencia que no se te olvidará en la vida.
  • Por Chaouen, la llamada ciudad azul. Una pequeña población de estilo andalusí, muy cerca de Tetuán, cuya principal característica son sus tonalidades azules en las casas de la medina que recrean un ambiente único y especial. Sin duda una visita que no te puedes perder.
  • Por las cascadas de Ouzoud. La caída de agua más grande del norte de África impresiona no sólo por su tamaño sino también por los verdes valles que la rodean. Su situación, en pleno centro del Atlas, hace de este paraje algo único en Marruecos.
  • Por Volubilis. Muy cerquita de la ciudad de Mequinez, Volubilis es el yacimiento romano mejor conservado del norte de África (y sólo se ha excavado la mitad). Sus ruinas y el estado de las mismas, hacen de este lugar algo especial para cualquier amante de la historia (especialmente de la historia de Roma).
  • Por la cocina marroquí. Y es que la conexión con otras culturas y pueblos que hemos comentado antes, hacen de la cocina marroquí un lujo de diversidad y sabores que no deja indiferente a nadie. Cualquier variedad de tajín, la bastela o pastilla, la sopa harira, el kefta, el cuscús o cualquier postre o dulce marroquí acompañando a un buen té verde, son un auténtico disfrute para el paladar, y a un precio verdaderamente económico.
  • Por las impresionantes madrazas; las escuelas (que no siempre tienen porqué ser coránicas) del mundo árabe. La arquitectura, la decoración y la belleza de estos edificios, así como su interesante distribución interior, son dignas de visitar y disfrutar.
  • Por el ksar de Ait Ben Haddou. Ksar significa literalmente castillo o ciudad fortificada; la de Ait Ben Haddou es la más representativa de todo Marruecos y, sin duda, la más bella y mejor conservada. El hecho de que más de 20 famosas películas de cine (Lawrence de Arabia, Gladiator, Alejandro Magno, La momia, …) hayan sido rodadas aquí, dice mucho sobre su estado de conservación.

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