Polonia

Polonia es uno de los grandes olvidados de Europa, y por grande no me refiero a su tamaño, que también, sino sobre todo a su historia; silenciada, tapada e ignorada durante muchísimos años, incluso después de la crueldad y la masacre que supuso para los polacos la II Guerra Mundial. Poco sabemos de este gran país con una historia tan triste, siempre ligada al devenir del viejo continente. A caballo entre Alemania y Rusia, deseada, disputada y conquistada por ambas, Polonia vivió el mal en su propia carne y, cuando por fin consiguieron librarse de él, cayeron bajo el oscuro manto del stalinismo. Sin embargo, a pesar de que la Guerra Mundial marcó el devenir del país y sus gentes, Polonia es mucho más que eso; es la historia de un pueblo que siempre se levanta y que siempre lucha contra la adversidad y, sobre todo, es un país acogedor y tremendamente hospitalario.

 

La situación estratégica de Polonia fue lo que siempre le dio su riqueza y, a la vez, su maldición; ya que siempre fue codiciada por sus beligerantes vecinos : el Imperio Austro-Húngaro, Prusia, Rusia, Alemania… siempre estuvieron colocados en medio del conflicto y con eso han tenido que vivir toda su historia desde su creación como Reino independiente en el s.X. Sin embargo, será en pleno s.XX cuando el territorio polaco sufra verdaderamente las consecuencias de los deseos de las potencias extranjeras. La II Guerra Mundial trajo consigo la invasión alemana por la frontera oeste y la rusa por la este. A medida que los nazis ganaban terreno, fueron convirtiendo a Polonia en su gran “circo de los horrores “ y fue allí donde el régimen de Hitler llevó a cabo lo que ellos llamaron “la solución final” y que más tarde nosotros llamaríamos “El Holocausto”; que fue ni más ni menos que la aniquilación sistemática de judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados, disidentes, prisioneros de guerra, y todo aquel contrario al régimen totalitario alemán. Seis de los siete grandes campos de exterminio estaban en territorio polaco; Polonia fue pues el epicentro de esa macabra página de nuestra historia que nunca debemos olvidar.

 

Una vez finalizada la guerra, Polonia fue liberada por el ejército soviético, por lo que quedaron bajo la tutela del régimen de Stalin. Europa, nuevamente, miró hacia otro lado. Polonia estaba en la ruina, y no sólo económica, sino también humana: se calcula que un 30% de la población murió o fue masacrada durante la guerra (entre judíos y no judíos), es decir, aproximadamente unos 6 millones de personas. Rusia no colaboró a la reconstrucción del país y el pueblo, nuevamente, tomó la iniciativa para reconstruir sus ciudades y dotarse de cierta autonomía frente a la poderosa URSS. Finalmente, la caída del comunismo en Europa, unida a la potente oposición polaca liderada por Lech Walesa (que acabaría siendo premio Nóbel de la Paz y Presidente de Polonia), acabó por darle la independencia total y se creó la República de Polonia tal y como la conocemos hoy en día.

 

La triste y todavía reciente historia del pueblo polaco ha marcado al país; se nota en su ferviente catolicismo (la devoción a la figura de Juan Pablo II es total), en el carácter de sus gentes, en su afán por que la historia no se olvide y sus niños aprendan pronto lo que pasó en su tierra, se nota en cada rincón que se visita. Pero esa tristeza se convierte rápidamente en esperanza cuando se comprueba cómo un pueblo tan castigado ha logrado resurgir de sus cenizas y convertir al país en la octava economía de la UE y en uno de sus miembros con mayor índice de desarrollo humano, destacando en: educación, sanidad, seguridad y libertad. Polonia es pues, no sólo una visita a lo que fue la sinrazón humana, sino, sobre todo, una visita a la esperanza y a la ilusión.

 

Mi viaje por Polonia duró apenas una semana, en la que recorrí tres de sus grandes ciudades: Cracovia, Varsovia y Wroclaw. Fue un país que me sorprendió gratamente, seguro, barato, con gente muy amable, una riqueza cultural enorme y unos paisajes espectaculares. También fue la primera vez que vi gente llorando a lágrima viva en la visita a un museo. Polonia te va a tocar muy dentro, te hará reír, soñar, llorar y despedazarte. No es sólo el viaje a un país, es el viaje a todo lo que nos hace humanos: los mejor y lo peor (y lo peor es más malo de lo que se pueda leer o imaginar). Aquí os dejo un enlace a mis entradas sobre Polonia y, a continuación, mi lista de 10 motivos para no dejar de visitar este país:

 

10 MOTIVOS PARA VIAJAR A POLONIA

  • Por sus ciudades: sus ciudades son una estupenda mezcla de tradición y modernidad; aún destacando las dos grandes urbes del país: Varsovia y Cracovia, la primera reconstruida totalmente tras el fin de la guerra, no podemos dejar de visitar lugares tan interesantes como Wroclaw, Gdansk o Poznan, entre otras. El choque entre Europa Occidental y Europa Oriental, puede verse claramente en el perfil y la arquitectura de sus ciudades.
  • Por Austwich: la gran fábrica de los horrores que se ha convertido en lugar de peregrinación para todo aquel que desee aproximarse a lo que fue el exterminio de millones de personas. Austwich es una visita única, dura y quizás, no para todo el mundo; aunque yo opino que debería ser un lugar de visita obligada para jamás, jamás, jamás, repetir ese pasado tan vergonzoso de la humanidad. Nadie volverá siendo el mismo después de esta visita; como dijo Marceline Loridan (cineasta y escritora francesa enviada al campo de concentración): “nunca realmente volvemos de Austwich”.
  • Por las minas de sal de Wielickza: otro lugar único en el mundo (aunque no son las únicas minas de sal visitables, sí son de las más antiguas y extensas del mundo). Su recorrido de 300 km (sólo 3 y medio son visitables) así como su profundidad (más de 300 metros bajo tierra), unido a las espectaculares salas y esculturas que la pueblan, ha llevado a la Unesco a declararlas Patrimonio de la Humanidad, y a los polacos a nombrarlas como La Gran Catedral de la Sal.
  • Por su historia: como ya hemos comentado, la historia de Polonia es un motivo más para visitar este interesante país. Una historia especialmente triste durante el s.XX, ya que fue uno de los países más castigados en la II Guerra Mundial y sufrió la dureza del comunismo en su cara más amarga. Lo reciente de esto lo hace todavía más interesante, ya que sus habitantes tienen estos dos hechos muy presentes, y la mayoría de ellos los han vivido.
  • Por su comida: la gran sorpresa que me llevé sin duda con Polonia fue la riqueza de su gastronomía. Poco se habla de la comida polaca y, sin duda, será algo que hará las delicias de todos sus visitantes. No dejes de probar su inmensa variedad de sopas (especialmente la zurek), sus pierogi (una especie de ravioli pero más grandes), sus bigos (estofados de carne con coles) o su golonka (codillo de cerdo al horno), entre otros.
  • Por la tranquilidad y paz que se respira: porque Polonia es un país tranquilo y pacífico como pocos; al menos esa es la sensación que yo me llevé de ese país y sus gentes. Si quieres disfrutar de un viaje tranquilo y apacible, Polonia es sin duda un destino a tener muy en cuenta.
  • Por sus paisajes espectaculares: porque Polonia no es sólo sus ciudades o su historia, sino que allí también podrás disfrutar de increíbles áreas naturales con unos paisajes que quitan el sentido. Hablamos de lugares como Zakopane, el lago Skalki Twardowskiego, Zakrzowek, Ojków…
  • Porque es un país barato: porque si estás acostumbrado al euro o al dólar, el zloty (la moneda polaca), te resultará tremendamente barata, y ya sabemos que el bolsillo es algo que miramos mucho a la hora de viajar. Si te lo montas bien, Polonia puede ser un destino en el que gastar muy poquito.
  • Porque es un pueblo de héroes y luchadores: porque como ya hemos explicado, el pueblo polaco ha sido atacado, vilipendiado y hasta masacrado a lo largo de los siglos; y ellos no sólo han resistido, sino que han sabido levantarse una y otra vez de sus propias cenizas y resurgir como el ave fénix. Eso les ha dotado de un especial carácter que sin duda llamará la atención de sus visitantes.
  • Por sus miles de iglesias: y es que comprobaréis que los polacos son muy devotos; es lógico si tenemos en cuenta todas las desgracias sufridas y la veneración que hay en el país por la figura de Juan Pablo II. Así que en Polonia podréis disfrutar de un tour completísimo por un sinfín de templos preciosos; aprovechadlo que vale la pena.

    2 Responses

  1. Estoy totalmente de acuerdo. Nosotros sólo estuvimos en Cracovia dos días en los que visitamos Auschwitz y Minas de Sal a toda leche. Minas de Sal es impresionante, es como una “Petra” de Jordania de sal, totalmente desconocida, yo me quedé impresionada de su “magestuosidad” … Me he llevado una muy buena impresión del país. Quiero más…

    1. Es que Polonia da para mucho y se le presta poca atención turísicamente hablando. Cracovia es una joya en si misma, Varsovia una ciudad impresionante con una muy buena oferta cultural, y el resto del país un verdadero paraíso. Ojalá puedas volver pronto.

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