Llegar a San Petersburgo

Después de plantarme en Madrid a primera hora de la mañana, comer con calma y darme un paseíllo por el centro, volví al aeropuerto dispuesto a comprobar la eficacia de Air Baltic. Ya al entrar en el avión me sorprendió, nunca había visto una distribución de filas de 2 y 3 (suelen ser 3 y 3 en aviones pequeños), con lo que el pasillo y el espacio para las piernas era enorme. El avión nuevecito del paquete, asientos cómodos y el servicio a bordo estupendo (pues si que vale la pena esta low cost). Tenía tan sólo 50 minutos de escala en Riga antes de que saliera mi segundo vuelo para llegar a San Petersburgo, y por culpa del tráfico endemoniado de Barajas, salimos con una hora y media de retraso. Un poco preocupado por si perdía mi vuelo, pregunté a la azafata y amablemente me dijo que lo más probable es que el otro avión esperase, ya que en este iban varios pasajeros con destino a Rusia.

 

BRICONSEJO: cuando se cogen vuelos con escala es mejor no cogerlos separados (que sean el mismo billete), ya que si se cogen separados y pierdes el segundo, las compañías no se hacen cargo. Si es el mismo billete y misma compañía, ellos mismos deben recolocarte en otro avión sin coste alguno.

llegar a San Petersburgo

Llegamos a Riga tan sólo 10 minutos antes de la salida del próximo vuelo, pero como es un aeropuerto pequeño y los controles de pasaporte van rápidos, una carrerita por el aeropuerto y llegué perfectamente. De todas formas habían retrasado un poco la salida esperando que llegásemos nosotros (otro punto para Air Baltic). Este segundo vuelo era mucho más corto, menos de una horita, y se realizaba en avión de hélices. Iba a ser mi primer vuelo en este tipo de aviones, que según tengo entendido pueden llegar a aterrizar sin motores. El ruido y la vibración, por culpa de las hélices es constante, sin embargo, no se notan tanto las bajadas y subidas que sí se notan en los aviones convencionales; la verdad que la experiencia fue fantástica.

Avion de helices

Llegué a San Petersburgo a la 1 de la madrugada; había reservado un taxi por internet, ya que no tenía muy claro si a esa hora tendría transportes que me bajasen a la ciudad y cuánto me costarían.

 

BRICONSEJO: cuando se llega de noche a un aeropuerto desconocido, aunque sea un poco más caro, recomiendo llevar taxi reservado. Yo siempre utilizo una web que se llama kiwitaxi; pones dónde quieres que te recojan, a dónde quieres que te lleven y la propia página te marca el precio (puedes compararlo con el precio de los taxis normales). Es una especie de Uber. Aparte del taxi, desde el aeropuerto de Pulkovo se puede llegar a San Petersburgo mucho más barato en autobús (aunque sólo por el día), cogiendo la línea 39 y bajándose en la estación de metro de Moskovskaya.

 

Mi taxista estaba esperando en el aeropuerto con un cartel con mi nombre, me llevó al parking y nos montamos en el coche. No hablaba casi nada de inglés. Conectó el GPS y allá nos fuimos, rumbo a San Petersburgo. Como a los 5 minutos, el GPS comienza a pitar y cambia la ruta solo; el conductor da un volantazo, gira el coche y comienza a maldecir en ruso. Yo flipando en el asiento de atrás y callao como una perra pensando que se había equivocado de ruta. El tío empieza a acelerar el coche, a lo que digo: “no tengo prisa”; el conductor sigue farfullando en ruso. Ahí ya empezaba a pensar que el tío estaba un pelín tocado de la cabeza. A los dos minutos, el GPS pita de nuevo, vuelve a cambiar la ruta, el conductor grita en ruso y yo no entiendo nada. Entonces le pregunto que qué pasa y el me contesta en su inglés precario: “the bridges…they are opening the bridges”. Y entonces recordé que, durante el verano, los puentes de San Petersburgo, abren en las madrugadas durante unas horas para que pueda pasar el tráfico marítimo, con lo cual, si tu alojamiento está en una de las islas (como estaba el mío) y los puentes están abiertos, tienes que joderte y esperar. Por eso la prisa del conductor…estaban comenzando a abrir los puentes y quería llegar a alguno antes de que se levantase para poder pasar. Aceleraba por las calles de San Petersburgo igual que Michael Schumacher por un circuito de carreras, pero cuando llegamos a la orilla del Neva…todos abiertos. Todos los puentes estaban levantados, eran las 2 de la madrugada y tocaba esperar unas dos horas más a poder pasar a las islas.

Puentes de San Petersburgo

BRICONSEJO: si vais a San Petersburgo en verano y llegáis por la noche al aeropuerto, mirad primero dónde se encuentra vuestro alojamiento; si está en cualquiera de las islas, contad con el horario de levantamiento de los puentes si no queréis quedaros tirados unas cuantas horas esperando.

 

Eran las famosas “noches blancas” de San Petersburgo, en las que el sol nunca llega a ponerse por completo; este fenómeno dura unas cinco semanas en los meses de junio y julio. Aproveché para hacer unas cuantas fotos y grabar algún barco surcando el Neva, mientras mi conductor fumaba un cigarro y charlaba con los militares que custodiaban el puente.

Como a la hora de haber llegado, uno de los puentes comienza a bajar y podemos pasar. El conductor no sólo me llevó hasta el hotel, sino que me acompañó a la puerta, y como no encontrábamos el cartel con el piso, llamó desde su propio teléfono a recepción para indicarme el lugar exacto (la verdad que un gran servicio el de kiwitaxi). Por fin pude hacer el check in y tirarme en la cama a descansar; había llegado a Rusia, esto sólo acababa de empezar.

 

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Continúa en: “Qué ver en San Petersburgo”

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