Galicia

Sí, ya lo sé, vaya por delante que soy consciente de que Galicia no es un país, sin embargo hay varios motivos por los que me he decidido a hacerle una entrada en la sección “países” y equipararlo al resto de naciones que he visitado:

  • La primera de ellas es porque yo soy gallego, nací aquí, y por lo tanto es el rincón del mundo del que tengo mayor conocimiento y el que más he visitado; así pues, no me resistía a excluirlo de mis recomendaciones y a dar consejos y escribir entradas sobre esta maravillosa tierra.
  • Otro motivo es que, aunque Galicia no es un país en si mismo, no siempre ha sido así; de hecho los gallegos, dentro de España, tenemos el reconocimiento junto a vascos y catalanes de “nacionalidad histórica”, es decir, que tenemos nuestra lengua, cultura, identidad y costumbres diferenciadas, por lo que aunque no nos llamen país, sí existe sentimiento de pertenencia nacional. Cuando analicemos un poco el devenir histórico de Galicia entenderéis porqué.
  • El último motivo y no por ello menos importante, es porque básicamente este es mi blog y lo organizo yo, así que puedo hacer lo que me salga del c… estooooo, pues eso, vamos a hablar de Galicia.

Galicia, noroeste de España y norte de Portugal, “terra de meigas” que se diría por aquí; este verde rinconcito del mundo, increíblemente bello en naturaleza y paisajes, y muy rico en historia (aunque muchos la desconozcan), siempre ha estado un poco aislado del resto de España y no muy frecuentado por el turismo de masas, al menos hasta hace algunos años. Quizás mucho más unidos a los portugueses que a nuestros vecinos castellanos, los gallegos somos un pueblo acogedor, simpático, dubitativo, al principio desconfiado, y de muy buen comer. Dicen las malas lenguas que cuesta ganarse la amistad de un gallego, pero cuando lo haces, esa es para siempre. Este carácter un poco retraído del pueblo gallego es, sin duda, herencia de su historia y su devenir por el mundo.

 

UN POCO DE HISTORIA

La historia de Galicia se remonta a los llamados pueblos celtas (habitaron zonas de la actual Irlanda, Escocia, Gales y la bretaña francesa), que se suponen los primeros pobladores organizados de la zona (antes hubo pequeños clanes tribales cuyos vestigios son los dólmenes y los petroglifos) y de cuyo paso, tenemos los famosos e interesantes “castros” (los primeros asentamientos fortificados). A este conjunto de pueblos se les llamó “galaicos”, y de ahí los romanos bautizaron este rinconcito como “Gallaecia” cuando la ocuparon (aquí marcaron el fin del mundo conocido hacia occidente: Finisterre, “el fin de la tierra”). Siglos después los suevos, aprovechando la decadencia romana, se establecieron en la zona y crearon el Reino de Galicia, cuyos límites llegaban hasta Cantabria por el este y  hasta cerca de Lisboa por el sur; muchos historiadores están de acuerdo en que este es el primer estado que se crea en Europa, siendo Hermerico su primer monarca; de hecho, en la Edad Media no es raro encontrar la denominación a este territorio como Suevia o Reino Suevo, en vez de Gallaecia. Más tarde, los visigodos incorporan este reino a sus dominios en toda la península, manteniendo, sin embargo, sus instituciones. Evidentemente todo esto se vendrá abajo con los años de dominio musulmán.

 

Poco tiempo duró el dominio musulmán en Galicia, ya que el empuje de los astures provocó una pronta recuperación de la zona. Aunque es incorporada al Reino Astur primero y al Reino de León después, Galicia sigue conformando una entidad política propia, recuperando cada ciertos años su status de reino. Durante estos años de guerra y Reconquista, surge un hecho capital en tierras gallegas, que es ni más ni menos que el hallazgo del cuerpo del apóstol Santiago, y convierte a Santiago de Compostela en el tercer centro de peregrinación mundial tras Roma y Jerusalén. El Camino de Santiago comienza a ganar fama y el apóstol se convierte en símbolo del avance cristiano en la figura de Santiago Matamoros. Esto convierte a Galicia en centro cultural, comercial, político y religioso de toda la Península durante más de 200 años.

 

Ya con el Reino de Castilla en pleno funcionamiento y segregada la parte sur del Reino de Galicia en lo que hoy conocemos como Portugal, los gallegos tienen que ver cómo el centralismo de los Reyes de Castilla provoca un nuevo aislamiento y olvido de sus tierras por parte de la corona y la nobleza. Es entonces cuando surgen las Revueltas Irmandiñas, que fueron ni más ni menos que un levantamiento popular contra el trato injusto de las clases dirigentes. Fue prácticamente una guerra civil en la que el pueblo, con menos recursos que la nobleza, se vio abocado al fracaso. Después de esta guerra y temiendo nuevas sublevaciones, el control del estado sobre Galicia será mucho mayor, por lo que se entra en los conocidos como Séculos Escuros (siglos oscuros), donde la cultura identitaria gallega será silenciada por el centralismo castellano durante casi 300 años. El historiador Jerónimo Zurita habla de este período como “la doma del Reino de Galicia”.

 

Tras esta triste etapa, Galicia entra en la “modernidad” en el vagón de cola, como una zona poco próspera y muy deprimida económicamente. A la población no le queda otra salida que emigrar. Más de un millón de gallegos se van de su tierra (principalmente a Europa central y América) entre la segunda mitad del s.XIX y la primera mitad del s.XX. La emigración gallega fue un fenómeno tan potente, que por ejemplo en Argentina, a cualquier español emigrante, sea de donde sea, le llaman “gallego”. Pero en esta época de fuerte crisis económica y demográfica, también hay un gran florecimiento de la cultura y lengua autóctonas de Galicia; lo que se ha dado en conocer como “Rexurdimento” y que tiene sus máximos exponentes en Rosalía de Castro, Manuel Murguía, Curros Enríquez o Eduardo Pondal. Este renacer de la cultura gallega basada en las figuras más cultas de la época y continuada en el s.XX por las “Irmandades da fala” (organización que reivindicaba la identidad nacional y cultural de Galicia) y la Xeración Nos (grupo literario e intelectual que defendía los valores del Rexurdimento: Vicente Risco, Castelao, Ramón Cabanillas, Otero Pedrayo…), verá su final con la llegada de la dictadura franquista y un nuevo y brutal centralismo nacional. La muerte del dictador provocará un lento pero continuo resurgir del idioma, la cultura y la identidad del pueblo gallego ya establecido como “nacionalidad histórica” por la Constitución española.

 

MI IDILIO CON GALICIA

Es difícil haber nacido en Galicia y no sentir, cuando estamos lejos, ese sentimiento que la mayoría no entienden y que los gallegos llamamos “morriña” (un sentimiento de apego a la tierra que te hace extrañarla en cuanto te marchas). Yo la he sentido un todos y cada uno de mis viajes y es algo que no cesa ni siquiera cuando uno regresa; ese sentimiento de nostalgia y melancolía que los portugueses han sabido plasmar tan bien en los fados (es por eso que nos parecemos tanto, y os lo cuenta un hijo de gallega y portugués). Esa especie de “fatalismo” o “frustración” es algo inherente al carácter gallego y puede apreciarse, sobre todo, en el mundo rural; Rosalía de Castro supo plasmarlo perfectamente en su famoso poema Negra Sombra. Como ya he comentado antes, nuestra propia historia muchas veces triste, ha forjado este carácter general. Todos los que visiten Galicia acabarán sintiendo algo parecido, pues es una tierra que atrapa; quizás de ahí vengan la cantidad de leyendas sobre magia, rituales, meigas (brujas), ánimas (almas errantes), … que pueblan nuestra tierra y que arrastramos desde el antiguo paganismo celta.

 

Puede que este no sea el sitio con mejor clima de España, de hecho estamos más que acostumbrados a la lluvia, pero es el precio que hay que pagar por el verde de nuestra tierra y nuestros montes. En Galicia encontrarás una naturaleza abrumadora: bosques, montes, montañas, costa, rías, playas paradisíacas o acantilados interminables; encontrarás una gente tremendamente amable y hospitalaria; encontrarás mil y una fiestas y tradiciones; y, sobre todo, encontrarás cómo tu peso empieza a aumentar sin parar y es que, hay que advertirlo, los gallegos comemos mucho y bien (aún recuerdo esas comidas familiares en la aldea que empezaban a las 2 de la tarde y acababan hacia las 6 o 7; y no, no es una exageración).

 

Galicia no va a dejar a nadie indiferente e invito a todo aquel que venga a sumergirse en sus tradiciones, su comida, su gente, su naturaleza y dejarse empapar por todo lo que tiene que ofrecer a sus visitantes; sólo así podrán llegar a entender qué es la “morriña”. Mis viajes y escapadas por Galicia son múltiples y continuos, por lo que iré hablándoos de ellos poco a poco en sucesivas entradas que encontraréis en este enlace: GALICIA, TERRA DE MEIGAS. Ahora me gustaría dejaros con mi lista de 10 motivos para no dejar de visitar esta mágica tierra.

 

10 MOTIVOS PARA VISITAR GALICIA

  • Por Santiago de Compostela: capital de Galicia y patrimonio de la humanidad desde 1984, Santiago, su imponente Catedral, su centro histórico y su antiquísima Universidad, es sin duda el lugar más visitado de toda Galicia. Nadie debería venir aquí y no pasar por Santiago, pues un paseo por el centro de esta ciudad te hará retroceder 1000 años de golpe y si eres fan del Barroco, estás en el lugar indicado. Irremediablemente ligada al apóstol que lleva su nombre, el Camino de Santiago le ha dado fama internacional convirtiéndola en el segundo mayor centro de peregrinación cristiana de Europa (sólo por detrás de Roma).
  • Por las Islas Cíes: defendiendo la ría de Vigo nos encontramos esta maravilla de la naturaleza; las tres islas que conforman las Cíes son Parque Natural desde el año 1980 y Nacional desde el 2002. Sólo se puede llegar a ellas por barco (desde los puertos de Vigo o Cangas) y actualmente el acceso está limitado a 1800 personas al día en verano y 250 en invierno, con la intención de preservar el ecosistema de las islas lo menos alterado posible. Hay posibilidad de pernoctar en las Cíes reservando una de las 550 plazas disponibles en su camping. Una de sus playas, la de Rodas, fue elegida varias veces como “mejor playa de España”, y en el año 2007 el diario The Guardian la eligió “la playa más hermosa del mundo”; sólo el que ha estado allí puede saber el porqué.
  • Por la Costa da Morte (la costa de la muerte): llamada así por lo peligroso de sus aguas (múltiples naufragios y frecuentes muertes de marineros y mariscadores), la Costa da Morte se extiende desde la villa marinera de Corme (aunque algunos la retraen desde Baldaio) hasta Finisterre. Salpicada de impresionantes playas de arena blanca, escarpados acantilados y con unas fuertísimas y frías corrientes marinas, la Costa da Morte es probablemente uno de los tramos de costa más peligrosos del mundo, pero también de los más bellos. Preciosos pueblos de pescadores y mariscadores que esconden auténticos tesoros turísticos poco conocidos: el faro del Roncudo de Corme (donde los mariscadores se juegan la vida por recolectar el mejor percebe del mundo), el precioso pueblo pesquero de Laxe, la bella Camariñas (donde se realiza el tradicional encaje que lleva su nombre), el dolmen de Dombate en Cabana de Bergantiños, el Castillo de Vimianzo, el Hórreo de Ozón o el Santuario da Virxe da Barca en Muxía, la “fervenza” (cascada) del Ézaro o Finisterre, el fin del mundo para los romanos, el lugar donde acaba el Camino de Santiago (porque acaba aquí y no en Santiago como mucha gente se cree). Esta es “a costa verdescente” de la que habla Eduardo Pondal en el himno gallego; un Pondal que era precisamente de un pueblo de aquí, de Ponteceso.
  • Por su comida: creo que para todo el que haya estado en Galicia, aclarar este punto es una tontería, sin embargo hay mucha gente que todavía no ha venido y no sabe cómo nos las gastamos por estas latitudes con la comida. En Galicia comemos mucho, mucha cantidad y mucha calidad. Pensad que el motor de Galicia es todavía la ganadería, la agricultura y la pesca, así que si quieres productos frescos y naturales, te vas a hartar. El pescado y el marisco de la ría al plato, la ternera gallega que es la joya de la corona y las frutas, verduras y hortalizas que planta el vecino en su huerta. Empanada de lo que te imagines, pulpo “á feira”, marisco del tamaño de tu mano, raxo, churrasco “a esgalla”, caldo gallego, tarta de Santiago, cocido, lacón con grelos, filloas de sangre, leche frita, queso de Arzúa, pimientos de Padrón, … todo regado con un buen Albariño y licor café o crema de orujo (esto son sólo los entrantes). Espero que vengáis con hambre.
  • Por la Playa de las Catedrales: en realidad este es el nombre con el que se la conoce, pero realmente se llama Praia de Augas Santas. Situada en Ribadeo, muy cerquita de Asturias, esta playa es un tesoro en si misma por la gran cantidad de arcos y cuevas formados en la roca (de ahí su sobrenombre) y que son visibles y “paseables” cuando la marea está baja. Aunque no es una buena playa para el baño o para tomar el sol, es un paisaje único y por eso fue considerada varios años como una de las mejores playas del mundo (de “mejores playas del mundo” vamos sobrados los gallegos). Si vas en verano, has de saber que las visitas están restringidas y hay que reservar.
  • Por sus castros, dólmenes y petroglifos: como hemos comentado antes, son los vestigios de los primeros habitantes de la zona, por lo que Galicia está plagada de estas construcciones megalíticas. El Castro de Baroña, el de Elviña, el de Santa Tegra, Peñalba, el Dolmen de Dombate, el de Axeitos, los petroglifos de Campo Lameiro (el parque de arte rupestre más grande de Europa)… cualquiera de estas visitas despertará tu curiosidad y te envolverá en el interesante pasado galaico.
  • Por la Ribeira Sacra: probablemente (y lo digo con plena convicción y sin miedo a equivocarme), esta sea una de las zonas naturales más bonitas de Europa. La Ribeira Sacra comprende las riberas del río Sil y del río Miño a su paso por el sur de la provincia de Lugo y el norte de Orense. Los cañones que forma el río Sil, junto a las explotaciones vinícolas de las laderas de los montes (el mencía, el ribeiro y el godello salen de aquí) crean un paisaje de ensueño del que se puede disfrutar desde los miradores de la carretera. Espectaculares monasterios pueblan esta zona (no perdese el de San Estebo y el de San Pedro de Rocas) cuya ciudad más importante es Monforte de Lemos.
  • Por sus rías: éste es quizás, el gran tesoro de Galicia: sus hermosas rías y toda la vida que guardan. No sólo nos proveen del mejor pescado y marisco, sino que su especial configuración geológica, crea un paisaje bastante peculiar y admirable. Finisterre parte las rías en dos grandes grupos: rías altas (en el Cantábrico, de poco recorrido tierra adentro, escarpadas, profundas, frías y con unos acantilados de escándalo) y rías bajas (en el Atlántico, enormes lenguas de mar que penetran en tierra hasta los 35 km, con archipiélagos de islas que las protegen). Esta peculiar configuración del terreno, hace que una pequeña comunidad como Galicia, sea la que mayor kilómetros de costa tiene en toda la Península: 1498 km frente a los 943 de Portugal o los 945 de Andalucía. No se puede entender Galicia sin sus rías y no se debe dejar de visitar los pueblos que viven de ellas.
  • Por las meigas: y es que “habelas hailas”. Galicia es una tierra de leyendas, supersticiones y tradiciones ancestrales casi siempre vinculadas a la tierra y la mujer. Es la zona de España más arraigada a estas creencias, y de ahí la gran cantidad de cruceiros (cruces de piedra) que se encuentran en pueblos y caminos (eran símbolos de protección y cristianización). La Santa Compaña (procesión de muertos que visita al que está a punto de morir), las meigas (brujas), los trasgos (duendes del bosque), la noche de San Juan, el hombre lobo o lobisome (hay una gran tradición de licantropía en Galicia), el rito de la “queimada” (aguardiente) para espantar los males… si te dejas envolver por estas leyendas, Galicia te atrapará con toda su magia.
  • Por sus fiestas : os voy a dar un dato: oficialmente Galicia tiene 17.340 fiestas al año. Así, sin vaselina. Tradicionales, folclóricas, gastronómicas, religiosas, populares…hay fiestas de todo tipo y para todos los gustos; muchas veces coinciden en varios lugares a la vez, por lo que es imposible ir a todas. A rapa das bestas, el arde lucus, el desembarco vikingo de Catoira, el carnaval de Verín y Xinzo, la fiesta del agua de Villagarcía, la feria “da istoria” en Rivadabia, la arribada, la fiesta del percebe, la del albariño, el marisco…es que si me pongo a enumerar no me dan 100 entradas. Lo mejor es que vengáis y disfrutéis de cuantas más mejor.

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