Día 6: “un hogar lejos del hogar”

“Un hogar lejos del hogar”, así rezaba el cartel en la entrada de Friends Paying Guest House, y verdaderamente lo era, un sitio donde te sientes como en casa, como en familia, pero con una familia india. No tardé en hacer amistad con uno de los chicos que regentaba el hotel, Bilou (el hijo menor), con el que todavía a día de hoy guardo contacto y hablamos de vez en cuando. Él me habló un poco más de su país, de su ciudad, y me presentó a varios viajeros que también estaban alojados en el hostel y con los que pude compartir buenos momentos de charla en la terraza, con vistas a la ciudad de Agra y, a lo lejos, el famoso Taj Mahal, que era la verdadera razón de haber venido hasta aquí.

 

No tenía pensado visitar el Taj hoy, principalmente porque mis desconocidos compañeros de viaje, que ya llevaban casi una semana en India, llegaban esta tarde a Agra, así que esperaría por ellos para ir todos juntos a verlo. Me dediqué a tomarme el día con calma y a darme una gran pateada por la ciudad. Aquí descubrí que la gente es muy diferente a la de Delhi; tremendamente amables y complacientes, la mayoría sin ningún tipo de interés, sólo por curiosidad, se acercan, hablan, te explican, presumen de su país o su trabajo y les encanta saber que estás a gusto con ellos. Me invitaron a comer con ellos, a tomar té con ellos, o simplemente a sentarme con ellos a las puertas de su casa mientras me presentaban a toda su familia. En una de estas me encontré con Assim, un joven estudiante de español con un pequeño negocio de trabajo del mármol (en Agra hay cientos) y me estuvo enseñando cómo se trabaja este material y las posibilidades que tiene; su abuelo, su padre, su hermano, todos trabajaban en el negocio familiar y eran unos auténticos artistas. La gente en Agra, en general, me hicieron sentir bien, empezaron a convertir los primeros malos días en Delhi en una gran experiencia. La India empezaba a enamorarme poco a poco.

 

BRICONSEJO: una sonrisa abre muchas puertas cuando estás de viaje. Habla, sonríe, pregunta, sé agradable y, la mayoría de las veces, lo serán contigo. Puede que a la India tengas que darle más de una oportunidad.

 

Fui a visitar el Fuerte Rojo de Fuerte Rojo de AgraAgra, pero como venía desencantado del de Delhi no entré, sólo lo visité por fuera (error, ya que casi todo el mundo comenta que el de Agra sí vale la pena). Y de allí me dirigí a la puerta oeste del Taj, la que utilizan los indios, ya que la este es para turistas; fui a observar el ambiente, yo era el único occidental y el movimiento y la cantidad de autobuses era espectacular; también lo era la fauna autóctona que te ibas encontrando por el camino. A la vuelta, bastante cansado de patear, perdido por una carretera en medio de la nada, me para un rickshaw con 7 personas a bordo y me dicen que me suba, que me llevan. Yo no veía sitio por ningún lado pero como no me apetecía caminar, me encaramé como pude, me agarré a un indio con la derecha y al conductor con la izquierda y con medio cuerpo por fuera, me llevaron hasta cerca del hostel. ¿La tarifa?, una foto con todos ellos que se llevó el conductor.

 puerta oeste del Taj

Volví a mi pequeño hogar en Agra y pasé el resto del tiempo hablando con Bilou en la terraza hasta que, al final de la tarde, un pequeño rickshaw con 3 catalanes a bordo paraba delante del hostel. Allí se bajaron: Cleis, Jose y Rick. Por fin nos conocíamos después de haber chateado y hablado varias veces por internet. Nos fuimos a cenar algo y preparamos nuestra visita del día siguiente. Comenzaba un nuevo viaje y el Taj Mahal nos estaba esperando.

 

 

Continúa en: día 7, “el Taj Mahal”

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