Día 5: “mi gran noche”

La noche se estiró demasiado y amanecimos sin siquiera acostarnos (recordemos que Ore y yo ya no habíamos dormido la noche anterior: “no hemos venido a dormir!!”). El tren para Trieste salía temprano y desde allí teníamos que intentar llegar a Ljubljana como fuera (deseo expreso de Ore ir a salir allí). Borja no podía venir porque tenía que actuar de nuevo esa noche y Fernando se rajó por miedo a morir tiroteado en un extraño país (era consciente de la compañía y los riesgos, y el tiempo le daría la razón). Nuestras caras en el tren nos delataban, estábamos muertos y aun por encima el único que dormía era Nacho (que facilidad tiene este tío para dormirse en trenes y aviones, que envidia joder!!). Al llegar por fin a Trieste y después de un pequeño garbeo por aquella ciudad fronteriza, compramos unos billetes de autobús para un pequeño pueblo esloveno cercano a la frontera: Sezana (cosa más aburrida no he visto en mi vida), desde donde cogeríamos otro tren hasta la capital, Ljubljana.

 

La gente en Sezana nos miraba como si fuésemos extraterrestres, no habían visto un turista en años, un tío casi se disloca el cuello mirándonos desde su tractor. La gente en Sezana nos miraba como si fuésemos extraterrestresAquí comimos antes de partir hacia la capital una comida tremendamente rica por una cantidad irrisoria; y por fin, cogimos el tren rumbo a nuestro destino. Los trenes eslovenos son para verlos, parecen sacados de una película soviética de los años 40, incómodos, llenos de barrotes por todas partes y feos de narices (al menos el nuestro lo era); más que un tren de pasajeros parecía un convoy militar (probablemente en su tiempo lo fue). La llegada a Ljubljana fue bastante desalentadora, pues la estación de trenes está en una especie de polígono industrial con todos los edificios iguales en plan fábricas antiguas (arquitectura soviética); la ciudad no parecía muy acogedora, sin embargo todo aquello cambió a medida que nos acercábamos al centro. Antes de salir de la estación, miramos los horarios de los buses que nos llevarían de vuelta a Italia a la mañana siguiente: “perfecto, sale uno a las 6:30 de la madrugada, salimos de fiesta, volvemos a la estación a las 6 y dormimos en el bus de vuelta”. Todo estaba saliendo según nuestros maravillosos planes, ajenos por completo a que el destino nos jugaría la peor de las jugarretas.

La llegada a Ljubljana fue bastante desalentadora

 

LJUBLJANA

A medida que nos alejábamos de la estación el paisaje cambiaba, y nos encontramos una ciudad verdaderamente bonita (más de noche que de día pues su iluminación es espectacular, tanto del castillo que domina la ciudad como de toda la zona por donde discurre el río Ljudbljanica) con calles amplias, limpias y ordenadas, así como Puente de los Dragonesedificios verdaderamente interesantes. Muy interesantes y de visita obligada tanto el Puente de los Dragones como la catedral de San Nicolás; y evidentemente su castillo medieval, que domina toda la ciudad desde lo alto de un monte y desde el que se obtienen unas vistas impresionantes; nosotros subimos en funicular y allí guardamos en el libro de visitas nuestro gran secreto y descargamos nuestras conciencias (si alguno quiere saberlo probablemente todavía tengan el libro). Vimos el anochecer desde lo alto del castillo y volvimos a bajar al centro a cenar algo y a tomar unas copichuelas (que a eso veníamos, pues Ore había sido informado tiempo atrás que era un sitio digno para salir de fiesta).

 

Una vez cenados, nos adentramos en un garito alucinante con decoración gótica e infinidad de detalles en las paredes (era como una especie de mazmorra medieval y la puerta del baño era una librería, pero no un vinilo de librería no, una librería de verdad!!!). Allí estuvimos un rato largo de charla y cervezas; si la memoria no me falla su nombre era Skeleton Bar. También paramos a tomar algo en un irlandés de 3 pisos en el que estaban retransmitiendo un partido de fútbol de sabe dios qué liga, en el que Ore casi se nos soba encima de la mesa. Y aún no sabemos muy bien porqué, al cabo de media hora de babear y luchar contra Morfeo, se levantó con un subidón que le duraría toda la noche (y no, no somos de drogas, lo juro). Al salir del irlandés preguntamos a gente del lugar cuales eran los mejores sitios para salir y nos dirigieron a una especie de pub que no estaba muy lejos de allí, el Global.

 

BRICONSEJO: preguntar y hablar con los lugareños siempre es la mejor manera de encontrar sitios chulos, económicos y que no salen en las guías, y a lo mejor, hasta haces amigüitos.

 

Para entrar al “antro” aquel había que bajar unas escaleras (era un sótano), la verdad que por fuera no daba muy buena espina, apenas había gente merodeando y todo parecía bastante clandestino. Recuerdo que Nacho iba delante y al separar una cortina para ver lo que había dentro inmediatamente giró la cabeza y le vimos la cara; su cara había cambiado por completo, del hastío y la desesperanza de entrar en ese antro leíamos en su rostro alegría y excitación. Que había visto Nacho?? Sólo al llegar abajo lo comprobamos, madre del amor hermoso, el local estaba a reventar, la música que apenas se escuchaba en las escaleras retumbaba, gente bailando encima de las sillas y las mesas, la proporción de mujeres-hombres podría ser aproximadamente de 10 contra 1, y qué mujeres!!! Qué pasaba en aquel local?? Vestidos escuetos, cuerpos esculturales, habíamos muerto y estábamos en el paraíso?? Nunca jamás en mi vida había estado en un sitio donde cualquiera de las que allí había podía ser portada de revista. Esos locales en España no existen, y si existen no entras, y si entras no hablan contigo; aquí no, todas querían hablar con nosotros, todas bailaban contigo. Después de un rato largo en aquel local nos empezó a invadir la extraña sensación de que el ambiente estaba un poco enrarecido; el impacto inicial de aquella algarabía no nos había dejado analizar la situación: muchas mujeres guapas y receptivas, pocos hombres con no muy buenas pintas y que controlaban a cuanto entraba por la puerta y vigilaban a varias chicas; a medida que pasaba el tiempo daba la sensación de que se podía liar una buena y que, probablemente, más de uno fuera armado. Incluso llegamos a dudar si aquello no sería un puticlub a lo bestia pero al parecer no lo era, simplemente era un bar frecuentado por gente bastante extraña. Decidimos salir de allí y seguir la fiesta en otro sitio. Como dato anecdótico he de decir que pocos meses después de aquello, llegó a mi ordenador la noticia de que el Global había sido cerrado porque el equipo de seguridad del local había asesinado a un cliente dentro del mismo, ahí lo dejo.

 

Pasamos por varios locales y aunque ninguno nos impactó tanto como el primero, he de reconocer que la marcha en Ljubljana es impresionante y altamente recomendable. También descubrimos la extraña manía eslovena de llamar a las tiendas “hijo de puta” (tres establecimientos distintos nos encontramos con ese nombre). A medida que pasaba la noche íbamos alejándonos más del centro pues nos habían recomendado un local para acabar la noche que no quedaba muy lejos de la estación de buses y trenes. De camino a él, en un descampado del polígono industrial, con una casita en el medio, escuchamos como un concierto y no dudamos en invitarnos a la fiesta. Así que allá nos fuimos ni cortos ni perezosos, hacia la casita de donde salía la música. La gente que nos cruzábamos por el camino no hacía esperar un ambiente muy sano allí dentro pero íbamos bolingas, nos gusta autoinvitarnos a fiestas y entrar en propiedades ajenas. Al entrar nos encontramos una especie de party loca, con gente borracha, tirada por el suelo, otros drogándose, otros bailando y ninguno parecía querer ser nuestro amigo; es más, todos nos miraban como preguntándose: “¿vosotros quien coño sois?” Y si en el primer garito nos fuimos con la duda de si habría gente armada o no, aquí podemos decir que lo tenemos clarísimo, si la había. Salimos de allí bastante rápido camino a nuestra última parada. Y por fin encontramos el local de los locales (Orto Bar), en medio de un polígono, 3 pisos, ambientazo, música rock de la buena, gente con la que si se podía hablar y pasarlo genial sin miedo a que te pegaran un tiro por la espalda. No sabría decir cuánto tiempo pasamos en aquel garito pero sin duda estuvo bien invertido. Estaba llegando la hora de volver a la estación a por nuestro autobús y nos fuimos de allí con la sensación de haber pasado una noche extraña pero genial en Ljubljana. Con un sueño de mil demonios, una sonrisa en la cara y muchas ganas de volver a esta ciudad, veíamos amanecer ajenos a lo que nos esperaba en la estación.

 

BRICONSEJO: si vais a Eslovenia, no debéis perderos una noche en LJUBLJANA!!!

 

 

Continúa en: Día 6, “esto no puede estar pasando”

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