Día 3: “el día que Ore casi se caga”

Otra vez el tiempo nos acompaña, y las ganas de seguir viviendo Venecia más. Nos levantamos temprano preparados para seguir pateando la ciudad y sus innumerables calles y puentes. Esta vez en la zona de La Giudecca con Santa María de la Salutte y San Giorgio Maggiore, visitas obligadas a las joyas de la que un día fue la ciudad más importante del mundo en cuanto a política, economía, arte y ejército. Como he dicho no montamos en góndola pero para evitar rodeos y pérdidas de tiempo usamos el traghetto para cruzar de una orilla a otra, que pagando un euro y cantando canciones en él mientras el conductor se partía de risa con nosotros, nos pareció lo más romántico del mundo.

    la zona de La Giudecca con Santa María de la Salutte y San Giorgio Maggiore

 

BRICONSEJO:si no queréis marchar de Venecia sin subir en góndola, en vez de pagar 50€ a un gondolero, os subís varias veces en traghetto, que por 1€ os cruzan varias veces de orilla. Si os animáis a cantar, quizás él también se anime y así tenéis el pack completo. si no queréis marchar de Venecia sin subir en góndola, en vez de pagar 50€ a un gondolero, os subís varias veces en traghetto, que por 1€ os cruzan varias veces de orilla. Si os animáis a cantar, quizás él también se anime y así tenéis el pack completo.

 

 

Y no podía faltar la anécdota del día. Resulta que de tanta caminata, de arriba para abajo, comer, dormir poco y demás, pues que a Ore le entró un ligero retortijón de estómago que era necesario evacuar. No hay problema pensamos todos, nos metemos en el primer bar que encontremos (ilusos de nosotros). Pues otro detalle de Venecia, que sepáis que aquí los bares no son como en el resto del mundo, son pequeños, con poco espacio para mesas y sillas y la inmensa mayoría no disponen de baños; son más bien un pedir, tomar y largar, nada de aposentarse cómodamente un par de horas a ver la vida pasar. Pero lo que pasaba era el tiempo, y no encontrábamos un servicio en el que Ore pudiera dar rienda suelta a sus deseos anales, y mientras nuestras risas y cachondeos iban a más, su paciencia iba a menos hasta llegar a parase en plena calle a soltar improperios de todo tipo llevado sin duda por la desesperación del momento; de hecho, la foto que acompaña al texto es completamente real, del momento de tensión y dramatismo que estaba viviendo. Cerca de una hora tardamos en encontrar un sitio con WC, una hora larga desde que Ore sintió la llamada de la selva hasta que pudo responderla, unael Florian, una de las cafeterías más antiguas de Europa hora eterna para él e inmensamente divertida para nosotros. El día acabó como el anterior (con un intento infructuoso de tomar un café en el Florian, una de las cafeterías más antiguas de Europa ya que lleva abierto desde 1720; infructuoso por el precio, claro (el café más barato costaba 8 euros) cena, risas, alcohol y juego, pero para siempre, en nuestras memorias, este día pasará a la historia como “el día que Ore casi se caga” (en otra ocasión contaré “el día que Ore se tiró de un coche en marcha”).

 

 

Continúa en: Día 4, “dos taraos en Verona”

 

    2 Responses

  1. Si vuelves algún día hay un truco, pedir el café en la barra en vez de en mesa y se reduce el precio del mismo, además nosotras en ese viaje éramos 4 mujeres y un amable caballero veneciano nos pagó la consumición, a cambio estuve hablando un rato con él preguntándole cosas de la ciudad, fue divertido.

    1. Si, nos habían dicho que el café en barra era más barato, aunque ponernos los 5 en la barra nos parecía un poco extraño, jajajajaja. Eso es lo bueno de viajar, compartir experiencias con la gente de los lugares a donde vas; escucharlos, a veces, puede ser muy enriquecedor.

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