Día 2: “pies para qué os quiero”

VER VENECIA

 

Amanece un día estupendo en Venecia, buena temperatura, cielo azul y ni una sola nube en el horizonte. Un día genial para callejear por sus estrechas callejuelas, disfrutar de sus canales y de la increíble plaza de San Marcos y su basílica. No es cierto que Venecia huela mal, al menos habitualmente (no digo que en algún momento cuando las aguas residuales suben no huelan, igual que olía Coruña cuando el viento soplaba del vertedero hace años) pero para nada es como muchos exagerados refinados de olfato suelen decir (en la India os quería verLas vistas de San Marcos, el Palacio Ducal, el Gran Canal, Rialto y todo lo que desde allí se ve son impresionantes a vosotros). Las vistas de San Marcos, el Palacio Ducal, el Gran Canal, Rialto y todo lo que desde allí se ve son impresionantes, da gusto pasear por esas calles siendo consciente de que no existe una ciudad igual en todo el mundo. También, poco a poco, vas siendo consciente del caos que tiene que ser vivir allí, necesitando transporte acuático para todo (¿habéis visto alguna vez un atasco de góndolas?; en la última foto de la izquierda de este post tenéis uno), con desplazamientos imposibles sin tráfico rodado, mudanzas complicadas, barcas convertidas en tiendas, dando mil vueltas laberínticas para recorrer 5 metros de distancia porque un canal cruza por el medio de tu recorrido, la poco a poco, vas siendo consciente del caos que tiene que ser vivir allí, necesitando transporte acuático para todohumedad que se nota en el ambiente, etc… Venecia es un laberinto lleno de estrechas callejuelas llenas de ropa tendida, puentes y barcas; es muy fácil perder la orientación aquí y reconozco que perderse es parte de su encanto; también se encuentran preciosos espacios abiertos, vistas únicas en el mundo y siglos y siglos de historia. Venecia es para patear, perderse y mezclarse con el bullicio; las góndolas son para quitarle el dinero a los turistas, un divertimento para parejas que se creen que subirse a una y que te canten en italiano mientras pasas por debajo del puente de los suspiros es lo más romántico del mundo (ni idea tienen la mayoría que este puente debe su nombre a que era el último sitio desde donde los condenados a muerte veían por última vez la luz del sol, o sea que de romántico poco). Si de verdad quieren algo romántico y digno de ver les recomiendo que se sienten a ver la puesta de sol con la Isla de San Michele al frente (la llamada “isla de los muertos”); si, ya sé que en ella está el cementerio, probablemente uno de los más bellos de Europa.

Isla de San Michele al frente (la llamada “isla de los muertos”)

BRICONSEJO: para disfrutar verdaderamente un viaje hay que estar dispuesto a patear. Caminar, callejear, perderse, romper suelas y hacerse callos en los pies. Ir de monumento a monumento, para mi, no tiene ningún sentido (por eso odio los packs de viaje organizados).

 

Después de este día impresionante de andar, ver y vivir Venecia, acabamos compartiendo mesa con Pancho, un canario tremendamente simpático, compañero de Borja en la ópera, con el que compartimos anécdotas y risas. Y al llegar a casa, medio bolingas y sin nada de sueño, pues hala, a jugar a un juego que Ore se trajo en su memoria y para el que sólo hacían falta varios papelitos, una “caja de cereales” y muchas ganas de pasarlo bien. Y bien que cundió ese juego, pues desde este día nos acompañaría en todo nuestro viaje.

                                        

 

 

 

Continúa en: Día 3, “el día que Ore casi se caga”

 

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