Día 11: “la primera despedida”

Jose nos abandonó por la mañana en un autobús rumbo a Delhi. A partir de ahora, mis compañeros de viaje se irían escalonadamente, igual que en Gran Hermano. Antes de marcharnos de Pushkar fuimos a hacer una visita al Templo de Brahma, el único santuario en toda la India dedicado a este dios.

Brahma Temple

BRICONSEJO: el Brahma Temple no tiene mucho que ofrecer más allá de la leyenda mitológica que dice que este templo fue construido en el lugar exacto de la Tierra en el que cayó la pluma lanzada por Brahma al principio de los tiempos.

 

Poco después, Cleis, Rick y yo, cogimos un tren con destino a Jodhpur. Sin lugar a dudas los trenes es el lugar donde mejor se socializa con los indios (ver entrada “los trenes de la India”); les encanta hacerlo, hablar y escucharte, son muy curiosos y les encanta compartir conversación y comida con desconocidos que les cuenten historias y a los que hacerles preguntas. Curiosamente, una pareja que estaba de viaje de novios, me preguntaron a mi qué era lo que se podía hacer en Jodhpur (como si yo fuese de allí de toda la vida), así que ni corto ni perezoso, saqué la guía y me senté con ellos a leerles y a tomar notas. No tardó en formarse un pequeño corrillo de gente que opinaba y daba indicaciones; otros iban pasando comida a todos los que allí estaban. Mezclarse con esta gente en su país, en sus trenes, hablar y compartir con ellos es, de largo, la mejor experiencia de viajar a India.

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BRICONSEJO: en India viaja en tren, todo lo que puedas, mézclate con ellos, habla con ellos, descubrirás la verdadera razón de porqué me enamoré de ese país.

 

Tras varias horas de viaje, llegamos a Jodhpur cuando empezaba a anochecer; de la estación de tren fuimos directos al hotel. Hicimos el check in, pedimos algo para cenar y nos subimos a la terraza. La ciudad azul nos recibió con una impresionante puesta de sol, y el fuerte Meherangar dominando el horizonte, firme, rocoso, imponente. Un nuevo día se acababa, y esa noche me fui a dormir con la dulce sensación de que esta gente me estaba conquistando, de que su país comenzaba a enamorarme, de que mi idilio con la India ya sería para siempre; esa noche dormí como en mi propia casa.

 

 

Continúa en: día 12, “Jodhpur, la ciudad azul”

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