Día 1: “el viaje”

Ore se encargó de organizar el viaje, de comprar los billetes (con Ryanair, con quien sinó… somos muy pobres y la chusmilla no viajamos con los ricos), Santiago-Reus y Girona-Venecia, por lo que tendríamos que ir cagando leches de Reus a Girona para no perder el enlace (mala idea comprar vuelos diferentes); si en el fondo lo que más nos gusta es la aventura.

 

BRICONSEJO: cuando compres un enlace de vuelos, haz todos los vuelos con el mismo billete, así si surge cualquier incidencia, la compañía se hace cargo. Si compras los billetes por separado y pierdes algún enlace… ciao, ciao…

 

Y así empezó todo, un 24 de febrero de 2009 para ser más exactos. Ore me recogió en mi casa en su destartalado Renault Clio y partimos rumbo al campus universitario (vaya lugar para quedar) a recoger a Nacho, eran las 5 de la madrugada y hacía un frío de cojones.
Al llegar al campus apareció Nacho que necesitaba sacar dinero en efectivo, por lo que recurrimos al único cajero que allí había y he aquí el primer imprevisto del viaje (para empezar a lo grande): el cajero no da pasta, se traga la tarjeta de Nacho y no la devuelve!!!

 

BRICONSEJO: no dejéis los pequeños detalles para una hora antes de coger un vuelo; nunca sabes los imprevistos que se pueden originar.

 

Jummmmm… 5 de la mañana, el campus desierto y tenemos que ir a Santiago a coger un avión. Después de 10 minutos, múltiples tretas, movimientos en pinza y ostias variadas sacadas del mismísimo Street Figther, vemos el cielo abierto cuando el cajero escupe lentamente la tarjeta, alegrón que nos llevamos y pensamientos por dentro: “si esto empieza así, Dios mío la que nos espera” (en este punto debería comentar que mis amigos y yo somos muy propensos a aventuras, acciones de dudosa legalidad, maniobras al filo de lo imposible, infortunios y demás). Salvado el primer escollo llegamos a Santiago emocionados y ansiosos, abandonamos la pota de coche de Ore en un descampado (siempre lo deja allí cuando se va de viaje para ahorrarse el parking) y desayunamos en el aeropuerto con el consiguiente “clavo” a la hora del cobro.

BRICONSEJO: si viajáis con el presupuesto limitado, jamás de los jamases desayunéis en un aeropuerto; venid comiditos de casa.

 

Cogemos el avión y en una horita y pico ya estamos en Reus, de allí un autobús a Barcelona en el cual viajamos en plan mudanza familiar, en los asientos de atrás y rodeados de una montaña de mochilas, cazadoras y bolsas. En el autobús coincidimos con dos chicas de la República Checa a las que pedimos que nos enseñen varias palabras en su idioma a cambio de enseñarles un trabalenguas en checo en el que atención: no hay vocales!!! (las tías se descojonan con nosotros). El trabalenguas en cuestión era: “drz prst krk” y la traducción al español del trabalenguas era: “métete un dedo en la garganta” (telita marinera).

un autobús a Barcelona en el cual viajamos en plan mudanza familiar, en los asientos de atrás y rodeados de una montaña de mochilas, cazadoras y bolsas

Llegamos a Barcelona, y raudos como el viento, atravesamos la ciudad en metro y cogemos un bus desde otra estación que nos dejará directamente en el aeropuerto de Girona. Y he aquí que nos encontramos en Girona y surge otro imprevisto: la mochila de Ore, que entró sin problemas en el “control de tamaño de equipaje de Ryanair” de Santiago, no entra en el de Girona y lo quieren mandar a facturar. Pero nooooooo, Ore no factura, Ore no paga un euro de más y si esa mochila entró en Santiago, por sus huevos que entra aquí: así que Nacho y yo, desde el otro lado de la cola de embarque, vemos cómo Ore empieza a patadas para encajar la mochila mientras todos los pasajeros del avión lo miran desconcertados y atónitos. Y sí, la mochila entrar entró, lo jodido fue sacarla, para lo que estuvimos los tres tirando de ella como 5 minutos. Pero que alegría fue mirar al controlador con una sonrisa de oreja a oreja y esa cara de satisfacción como diciendo: “ves? te dije que entraba, y sin facturar…” y el controlador, que yo creo que nos tomó por locos o gilipollas (o las dos cosas), agachó la cabeza y se resignó a la cruda realidad.la mochila de Ore, que entró sin problemas en el “control de tamaño de equipaje de Ryanair” de Santiago, no entra en el de Girona

Y de Girona a Venecia en un par de horitas, cogiendo otro bus que nos dejaría en Piazzale Roma, al ladito del gran canal (junto a la estación de trenes de Santa Lucía), pero esto ya no es España, esto es Italia, y por mucho que intentáramos no desprendernos de nuestras mochilas, no nos dejaban subir al bus con ellas, y no dejábamos de escuchar al conductor decir aquello de: “sotto, sotto, sotto la valigia!!!”

 

BRICONSEJO: siempre que podáis viajad con vuestro equipaje (sea en avión, bus, tren, barco…), hace más rápidos los transbordos, evita pérdidas y robos y resulta más cómodo. Si os pasa como a nosotros e intentan obligaros a meterlo en bodega de carga, siempre aconsejo intentar primero la del “turista pardillo” (esta la uso mucho): hacéis como que no entendéis nada de lo que os están diciendo y os subís con el equipaje (a veces cuela).

 

VENECIA

 

Llegamos a Venecia en plenos carnavales, lloviendo, anocheciendo y atravesamos el gran canal en vaporetto rumbo a la plaza de San Marcos. Y he aquí donde voy a desmontar un mito acerca del carnaval de Venecia: no os dejéis engañar por el marketing y el merchandising, el carnaval de Venecia es como cualquier otro, con disfraces normales; los trajes de época, las máscaras, la pomposidad de sus fiestas está reservada a una minúscula élite, en espacios muy restringidos a los que es prácticamente imposible acceder (el de la foto fué el mejor que encontramos); el carnaval que se ve a pie de calle no dista mucho del que puede verse en cualquier ciudad con cierta tradición carnavalesca. Nos dimos una vuelta por San Marcos y los alrededores, haciendo tiempo pues Borja estaba en plena actuación y Fernando estaba viéndolo dentro del teatro. Como empezaba a ser tarde y el hambre empezaba a hacer mella, decidimos entrar en un restaurante cerquita de La Fenice a cenar y aquí fue donde, sin comerlo ni beberlo, surgió una nueva y extraña situación.

Llegamos a Venecia en plenos carnavales

Pues allá estábamos los 3, sentados en un restaurante en pleno centro de Venecia, el camarero nos acercó amablemente unas cartas y he aquí donde nos dimos cuenta de nuestro error garrafal.

 

BRICONSEJO: a no ser que te sobren los billetes, mira los precios antes de entrar a consumir en un sitio, y sino, pregunta!!!

 

Veníamos en plan económico total con un presupuesto muy limitado y aquellos precios hacían sudar sólo de verlos. Pensamos levantarnos e irnos sin hacer mucho ruido ni levantar sospechas, nos mirábamos unos a otros esperando el mejor momento pero el camarero no nos quitaba ojo de encima y se acercó rápidamente a la mesa para ver qué queríamos beber. Agua del grifo para los 3 hubiera sido la mejor opción pero nos decidimos por un agua de botella para compartir (creo que en este momento el camarero se estaba dando cuenta de nuestra situación, pero ya habíamos pedido, habíamos traspasado el punto de no retorno). Así pues, después de un “braing storming” decidimos pedir un entrante para compartir y dos segundos platos para compartir también, calculando así que entre los tres no nos saldría muy cara la broma y podríamos salir airosos de ese primer día que podía suponer la ruina de nuestra economía para todo el viaje. Sin embargo, el destino nos tenía algo reservado, entre que nosotros no somos muy de hablar italiano, y el camarero era de cortas entendederas, en vez de un entrante nos trajeron 3, uno para cada uno. Un sudor frío comenzó a recorrer nuestras espaldas y en vez de intentar “pelear” explicándole que eso no lo habíamos pedido, nos dejamos caer por el precipicio comiéndonos aquellos manjares que por cierto estaban deliciosos. De perdidos al río pensamos, y todo se convirtió en cachondeo, risas y nervios por la “clavada” que nos iban a meter en aquel restaurante. Alborotábamos tanto que los clientes nos miraban atónitos y sospechamos que el camarero se dio cuenta de todo (sólo espero que no entendiera nada de español). Trajeron los segundos platos, pedimos postre y hasta chupitos, hala, a lo loco!!! ¿Qué porqué lo hicimos??, está bastante claro, se estaba tramando un “sinpa” en toda regla, se olía en el ambiente, creo que podía adivinarse en nuestros rostros y miradas cómplices. Pedimos la cuenta y nos dispusimos a rezar pues habíamos calculado unos 180 euros aproximadamente; el plan era: “cuando traiga la cuenta nos hacemos los remolones y por patas”. Pero he aquí que el destino nos hizo un guiño, los astros se alinearon a nuestro favor y cuando vimos ese ticket que marcaba 65 euros no nos lo podíamos creer. A día de hoy todavía no sabemos si se equivocaron o simplemente el camarero era más listo y competente de lo que pensábamos y lo que hizo fue dividir una ración en varios platos. Sea como fuere pagamos religiosamente y nos fuimos de allí con una sensación de victoria y un estado de júbilo digno de las mejores hazañas bélicas. Borja y Fernando salieron del teatro y cansados y destrozados, fuimos todos juntos para el pisito que tenían a escasos metros de allí; un piso genial, pequeño pero muy cuco, en pleno centro de Venecia. Sólo acabábamos de llegar y ya estaba siendo el mejor de los viajes.

 

 

Continúa en: Día 2, “pies para qué os quiero”

    4 Responses

  1. ¡Qué bien lo pasamos!

    Puntualizo la escena de la mochila de Ore en el medidor de RyanAir antes de que le ayudásemos…

    Tras un rato forcejeando él solo y que no salía de allí la mochila, Ore agarró el medidor (una estructura de metal entera que debe medir 1’80 metros más o menos) con su mochila atorada, se la puso debajo del brazo como si fuese una carpetilla y avanzó en la fila para subir al avión así… jejejeje

    1. Jajajajajajaja…no tengo tanta memoria tío, imposible acordarme de todos los detalles.

  2. Pues difiero en lo de ser un carnaval normal, yo en el 2004 ví montones de disfraces de época, te podías sacar fotos con ellos, organizaban desfiles en la calle ( hacía un frío que pelaba), y tenían la temática del orient express por lo que todos los conciertos eran de grupos orientales, nos encantó. Y también tuvimos una escena de clavada en restaurante veneciano que nos recomendó el gondolero.

    1. Pues desde luego no fue lo que nosotros vivimos allí (y estuvimos todo el carnaval), me alegra saber que nos equivocamos porque nos fuimos un poco decepcionados por el tema carnavalesco (con la fama que tenía). Visto tu comentario habrá que darle una segunda oportunidad al carnaval veneciano. Gracias por compartir experiencia Paula.

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