Ruta por el Norte 2 (Cantabria 1)

Después de disfrutar de la belleza natural y los placeres de los pueblos asturianos (podéis consultarlos en las anteriores entradas), entramos en Cantabria siguiendo la A8. El paisaje de la costa no cambia especialmente, la verdad que prácticamente toda la costa cantábrica tiene ese perfil abrupto y bruscamente recortado, que da unos paisajes verdaderamente espectaculares y unas playas y acantilados de ensueño. Sin embargo sí podemos comenzar a ver un cambio en la composición de los pueblos que nos encontraremos y que ya se puede apreciar a medida que nos movemos hacia oriente. El río Deva marca la frontera natural entre Asturias y Cantabria, y junto a él nos encontramos la primera localidad cántabra: Unquera (cuna de las famosas “corbatas”, pastelitos típicos de hojaldre). Sin embargo nuestra primera parada será 12 kilómetros más adelante, en un precioso puerto pesquero.

 

San Vicente de la Barquera

San Vicente no sólo es precioso, sino que además es tranquilo y apacible. Un destino que en verano está muy demandado en el norte por sus preciosos paisajes y playas. El pueblo se divide básicamente en dos zonas: la zona monumental o histórica (en lo alto de la villa) y la zona junto a la ría y la carretera, en la parte baja, donde se agolpan restaurantes, terrazas, bares, etc… Cabe destacar, en la zona monumental, el famoso Castillo del Rey, desde donde se puede divisar toda la ría y las antiguas murallas y puertas que daban acceso a la villa; la Torre del Preboste, justo frente al ayuntamiento o la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, al final de la calle por la que se sube al castillo, donde acaban las murallas.

san vicente de la barquera san vicente de la barquera

El Puente de la Maza, también conocido como “puente antiguo” (para diferenciarlo del “puente nuevo”), es otro de los símbolos del pueblo y nos ofrece unas preciosas vistas de la ría. Otro punto de interés es el Convento de San Luis, hoy cerrado y casi abandonado, que se puede divisar desde fuera, justo a la salida de la ciudad. En resumen, un conjunto histórico-artístico no muy grande, pero de gran valor y muy agradable de visitar.

san vicente de la barquera

Abandonamos San Vicente y a poco más de 13 kilómetros por la carretera nacional, llegamos a nuestro siguiente destino, Comillas, que por extensión en todo lo que hay que ver, le dedicaremos una entrada aparte en el siguiente capítulo que aconsejo leer con detenimiento (puede que nos encontremos con uno de los pueblos con más riqueza artística de la Península).

 

Santillana del Mar

Después de disfrutar con la excepcional Comillas (que podéis leer en la siguiente entrada), a 20 kilómetros nos tenemos que detener en otro imprescindible de Cantabria: Santillana del Mar. Santillana es otra de las grandes joyas que nos ofrece Cantabria y un destino que no decepciona absolutamente a nadie. De Santillana del Mar se dice que ni es santa, ni llana, ni tiene mar, y eso es tan cierto como que la encontraréis en muchas listas encabezando el ranking de pueblos más bonitos de España. Declarada patrimonio histórico artístico hace más de 100 años, esta villa de calles empedradas, casas señoriales , plazas milenarias, preciosas balconadas y alargada historia, es visitada caña año por miles y miles de turistas (de hecho no recomiendo su visita en temporada alta).

santillana del mar

Santillana no es muy grande; es un pequeño pueblo con un par de calles principales, espectaculares casas palaciegas y religiosas a los lados, y unas cuantas plazas en las que rememorar su esplendoroso pasado. Hoy en día la oferta hostelera es enorme y no habrá problemas para encontrar dónde comer o refrescarse tomando algo. De entre todo lo que podemos admirar en Santillana, destaca la Torre del Merino (donde vivía el gobernador de la villa; en la Plaza Mayor, frente al ayuntamiento), la espectacular Colegiata de Santa Juliana (s.X-XII), obra cumbre del románico que posee un espectacular claustro visitable, o el Palacio de los Velarde, justo en la plaza que se encuentra a la derecha de la colegiata.

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BRICONSEJO: no se debe abandonar Santillana sin dedicarle antes una visita al Museo de la Inquisición o la Tortura (en una callejuela a mano izquierda, si se viene desde la colegiata, antes de llegar a la Torre de los Velarde), donde podremos observar la evolución de los curiosos aparatos que se usaban antiguamente para castigar a los “malvados pecadores”. Abre todos los días y la entrada son 4€.

santillana del mar

Muy cerquita de Santillana se encuentra una joya del arte prehistórico; bautizada por muchos como la Capilla Sixtina de la prehistoria. Nos estamos refiriendo a la espectacular Cueva de Altamira, datada hace más de 30.000 años (sus pinturas alrededor de 16.000). Aunque la cueva original, por motivos más que lógicos de conservación, no se puede visitar, el Museo de Altamira pone a tu disposición una réplica exacta (mucho más cómoda para ver y analizar, sobre todo debido a la escasa altura de la cueva original en algunos puntos o a su estrechez final) llamada la Neocueva, donde a través de una visita guiada te irán explicando la historia, evolución, importancia e impacto de las pinturas de Altamira.

altamira

BRICONSEJO: si, como yo, sois amantes de la historia y del arte, no debéis perderos la visita al museo de Altamira y a la neocueva. La visita guiada dura unos 20 minutos, más otros 30-45 min que se le pueden dedicar al museo (no es muy grande). La entrada cuesta 3€ y conviene reservar con antelación en temporada alta.

 

Castro Urdiales

Desde Santillana volvemos a enganchar la autovía A8 y, pasándonos Santander (de la cual se hablará en otra entrada), a 100 kilómetros aproximadamente nos encontramos con otra parada obligada. Reclamada por algunos vascos como territorio de Euskadi, Castro Urdiales se alza majestuosa a escasos 35 kilómetros de Bilbao. Con una fachada marítima espectacular, aquí no estamos hablando de un pueblo, sino más bien casi de una pequeña ciudad (más de 30.000 habitantes, sólo superada en Cantabria por Santander y Torrelavega). Localidad con gran tradición de traineras y remeros, su “zona vieja” se encuentra pegada al mar y, junto a ella, varias calles con tascas, tabernas, bares y elaborados pinchos.

castro urdiales

Quizás lo que más llama la atención en Castro Urdiales sea su imponente Iglesia de Santa María de la Asunción, que preside la villa desde un promontorio frente al mar. Las empinadas calles que llevan hacia ella, nos dejan divisar unas preciosas vistas de la ciudad. La iglesia es del s.XIII-XIV y de estilo puramente gótico; junto a ella, la Fortaleza del s.XII y su faro, en un emplazamiento más privilegiado si cabe y con unas vistas todavía mejores de la costa y la villa. Bajando de la Fortaleza a la Ermita de Santa Ana (que podemos ver justo a nuestra derecha), no debemos perdernos el impresionante Puente Romano bajo nuestros pies y que se divisa mucho mejor desde abajo, desde la explanada del puerto.

castro urdiales

La espectacular fachada marítima, frente a la ensenada del puerto, también es digna de admiración, con sus balconadas y galerías frente al Cantábrico, y sin duda aconsejo pasear por sus calles y disfrutar del ambiente antes de poner rumbo al País Vasco, pues esta será nuestra última parada cántabra.

castro urdiales

 

 

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