Auschwitz I

Llevo días dándole vueltas a cómo empezar este post y creo que lo mejor es hacerlo directo y sin rodeos. Vamos a hablar de una de las visitas más típicas de Polonia, pero también la más desagradable, desgarradora, dura e imprescindible que tendréis en vuestra vida. Nos estamos refiriendo a la conocida como “fábrica del horror”, Auschwitz (aunque ese es su nombre alemán, su verdadero nombre es Oswiecim). Auschwitz se encuentra a unos 43 kilómetros de Cracovia, por lo que tendremos que desplazarnos hasta aquí para realizar nuestra visita. Podemos ir en un autobús que nos dejará justo en el aparcamiento (aconsejo consultar de dónde salen y los horarios en la oficina de turismo de la calle Florianska), en tren (aunque la estación queda como a 2 kilómetros de la entrada), o bien contratar una excursión guiada en cualquiera de las oficinas de la calle Florianska o a través de alguna página web que las organice (yo usé Civitatis para reservar un tour completo en Español y la verdad que lo recomiendo).

BRICONSEJO: no aconsejo ir por tu cuenta a Auschwitz a no ser que tengas vehículo propio, ya que entre Auschwitz I y Auschwitz II-Birkenau hay unos 5 kilómetros de distancia y es un lío andar mirando transporte; además la visita siempre ha de ser guiada, por lo que corres el riesgo de no tener plaza en uno de los tours si vas allí sin reserva previa. Lo mejor es reservar un tour en español y que se encarguen ellos de llevarte a todos lados con un guía oficial.

 

Auschwitz es un complejo de varios campos: Auschwitz I (el campo original del cual hablaremos en esta entrada), Auschwitz II-Birkenau (el campo de exterminio, del que hablaremos en la entrada siguiente), Auschwitz III-Monowitz (el campo de trabajo, hoy en día destruido) y más de 40 campos satélites dependientes de este centro del terror. Todo este área disponía además de un perímetro de seguridad de más de 3km en el que nadie podía entrar ni salir sin autorización expresa del director del campo (Rudolf Hoss fue el que más tiempo ocupó ese cargo).

 

La visita al museo de Auschwitz, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, dura unas 7 horas entre llegar, visitar los campos y volver a Cracovia, así que tomáoslo con calma porque va a ser un día que no olvidaréis en vuestra vida. Los autobuses para las visitas guiadas salen muy temprano y ya en el bus te dan una pequeña introducción de lo que vas a ver: pasan un video documental de la liberación del campo por los ejércitos soviéticos. Solo el video ya quitaba las ganas de vivir y la visita no había hecho más que empezar.

 

Una vez te dejan en el parking, con todos los demás tours, los guías se encargan de ir organizando a la gente en grupos y te asignan un guía (a mi me tocó una guía polaca que hablaba muy bien español y era buenísima con las explicaciones y los datos). Para que no tengas que ir siempre pegado al guía, te dan unos auriculares y va todo por radiotransmisión (la verdad que la organización es perfecta). Otra cosa buena de ir con la excursión ya cogida, es no tener que andar sacando entradas ni nada. Entras directamente con tu grupo y con tu guía pasando un exhaustivo control de seguridad.

 

La visita a Auschwitz I

Una vez comenzamos a caminar vemos el primer perímetro de alambradas y la puerta que atravesaron miles y miles de personas para no volver jamás. Sobre ésta, la cínica leyenda “Arbeit Macht Frei” (el trabajo te hará libre). Auschwitz I era un campo de maniobras del ejército polaco, que los nazis transformaron en centro estratégico de todo el holocausto. Por haber sido construido por los polacos para ellos mismos, las instalaciones de este campo son bastante más “confortables” que las de Auschwitz II (el que estamos más acostumbrados a ver en las películas), por lo que fue destinado para prisioneros políticos, intelectuales, prisioneros de guerra y sus familias (aunque las instalaciones eran mejores, las condiciones de vida eran durísimas).

 

Una vez penetramos en el campo comenzamos a ver sus barracones construidos en ladrillo. El recorrido por Auschwitz I transcurre a través de varios barracones numerados que han sido habilitados como museo. En el primero de ellos podemos leer una gran frase de George Santayana (atribuida a mucha otra gente) que resume perfectamente porqué debemos visitar este lugar:

 

“Quienes no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo”.

 

Iremos pasando por varias salas con mapas, fotos, maquetas, artículos y documentos que dejaron los nazis y objetos personales de los presos (en cada una de ellas nuestro guía nos dará una explicación de lo que es todo aquello), así como reconstrucciones de cómo era la vida en el campo. Una de las salas más impactantes es la que reúne miles de toneladas de cabello humano que los nazis utilizaban para confeccionar tejidos; en esa sala el silencio es sepulcral y es la única donde se pide expresamente que nadie saque fotos por respeto a las víctimas.

 

Otro de los barracones impactantes es en el que realizaban los castigos y los juicios a muerte, el bloque 11 (lugar en el que también se realizaron las primeras pruebas con Zyklon B, el gas utilizado posteriormente para ejecuciones masivas). Castigos como pasarse en pie semanas enteras (sin dormir, sentarse, ni poder descansar) y juicios por motivos como prestar una prenda de ropa en invierno a un preso que moría de frío (hubo gente condenada a muerte por esto). Las ejecuciones se realizaban en el mismo patio que está junto a la sala de juicios. Lo reconoceréis porque tiene un paredón donde los visitantes dejan flores y es el único patio que tiene las ventanas tapiadas. Se calcula que más de 70.000 personas fueron asesinadas en este campo.

 

Para finalizar esta visita, saldremos por un lateral y podremos observar a lo lejos la mansión del director del campo, una horca (donde fue ahorcado el propio Rudolf Hoss por crímenes contra la humanidad tras los juicios de Nuremberg) y una de las primeras cámaras de gas que se construyeron en Auschwitz (y la única que queda en pie). Junto a esta cámara de gas jugaban los hijos de Rudolf Hoss y, cuando estaba en funcionamiento, camiones y motos daban vueltas a su alrededor para que los gritos no se escuchasen en los barracones del campo. Así, con esta escalofriante imagen, acabaremos nuestra visita a Auschwitz I.

 

Una vez los guías nos den un tiempo prudencial para recuperarnos del impacto de la visita y descansar, volvemos al autobús que nos llevará a unos 5km de distancia, a visitar el verdadero campo del horror, Auschwitz II-Birkenau, la fábrica de exterminio nazi por excelencia.

 

 

Continúa en: Auschwitz II-Birkenau

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