Visitar Peterhof

Desperté bastante descansado, los pies no me dolían tanto (por ahora), así que me preparé con mi desayuno espartano para ir a visitar Peterhof. En San Petersburgo se pueden hacer unas cuantas excursiones molonas: una es este palacio de Peterhof, la otra importante es el palacio de Catalina; yo por tiempo sólo podía hacer una y me decidí por esta (aunque por lo que he leído, la otra no es nada desdeñable).

 

CÓMO VISITAR PETERHOF

Hay dos maneras de ir a Peterhof desde San Petersburgo:

  • Por carretera, en autobús o taxi: los autobuses salen desde la Estación del Báltico y tardan unos 40 minutos o más, dependiendo del tráfico.
  • Por mar, en los hydrofoils, atravesando el Neva y el golfo de Finlandia: se cogen en el embarcadero del Hermitage y tardan unos 20 minutos.

hydrofoil

Como no tenía pensado coger ningún barco por el Neva (hay multitud de excursiones en barquitos por los canales de Piter), decidí ir a Peterhof por mar, aunque resulta bastante más caro. Peterhof es un palacio de estilo versallesco (se le conoce como el “Versalles Ruso”), tremendamente ostentoso y con unos jardines impresionantes y enormes (su Gran Cascada y sus fuentes que desembocan en el Mar Báltico, son el espectáculo principal y se basan en una complicada obra de ingeniería). Fue residencia de los zares hasta 1917 y lugar de operaciones nazis para intentar conquistar San Petersburgo durante la II Guerra Mundial; Hitler planeaba celebrar aquí la conquista de San Petersburgo con una gran fiesta, sin embargo ese hecho jamás se produjo.

visitar peterhof

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Había comprado mi entrada previamente por internet, pero cuando me disponía a entrar en el palacio me dicen que no, que tengo que sacar la entrada en la taquilla, y es que lo que yo había reservado sólo era la entrada al complejo de jardines y fuentes, no la visita al palacio (cuidado con esto cuando lo hagáis, fijaros bien lo que reserváis, una cosa es la entrada a los jardines y otra la del palacio). Había reservado por internet para saltarme colas y esperas, y acabé comiéndome una hora de cola para poder visitar el palacio por dentro.

 

BRICONSEJO: para entrar a los jardines no suele haber mucha cola, para entrar al palacio sí. Yo reservé las entradas al revés, que no os pase. Si queréis ahorraros colas, mejor reservad o todo, o las del palacio (y compráis allí las de los jardines). El Palacio de Peterhof cierra los lunes (aunque se pueden visitar los jardines) y las fuentes no funcionan en invierno. Sinceramente, sin el espectáculo de las fuentes, cambiaría esta visita por la del Palacio de Catalina, así que tenedlo en cuenta en invierno.

 

La visita interior es muy recomendable, aunque bastante agobiante por la estrechez de algunas salas y la cantidad de excursiones guiadas que hay (a veces es difícil circular). Y he aquí, cuando acababa mi visita, que surgió una situación complicada. Resulta que Peterhof es un complejo de dos jardines, los inferiores y los superiores, con el palacio en medio dividiendo ambos; si llegas por mar (como era mi situación) entras por los inferiores, y si llegas por carretera, por los superiores. Sólo los jardines inferiores (los que tienen las fuentes y esculturas) son de pago, los superiores son gratuitos, peeeeeeeero (y remarco mucho este pero), si estás en el palacio o en los inferiores y quieres visitar los otros, hay que salir del complejo (cosa que yo desconocía). Así que cuando acabé mi visita al palacio, le pregunté amablemente a un guardia que cómo podía hacer para visitar esos jardines:

– Es muy fácil, rodeas el palacio y ya puedes verlos, son gratuitos.

– Muchas gracias, dije yo, pensando para mi que era genial que fueran gratis porque así me ahorraba más pasta.

Rodeé el palacio, salí por un torno que ponía EXIT y me recorrí los jardines superiores haciendo unas fotos. Los superiores son menos ostentosos que los inferiores, y no tienen los complejos y los juegos de fuentes y esculturas (por eso son gratis), pero aún así son agradables de ver. Cuando acabé de recorrerlos, me dirigí nuevamente a los jardines inferiores, ya que tenía que coger el barco de vuelta a San Petersburgo, pero cuando paso mi entrada por el lector del código: ERROR, no me deja pasar.

– Perdona, le digo a una mujer que estaba controlando el acceso, no me funciona la entrada.

– Ya la has usado, sólo es válida para entrar una vez. Otra vez me pasaba lo mismo que el día anterior en el Hermitage, no me lo podía creer.

– Ya, pero es que he salido para ver estos jardines y no sabía que después no podría volver a entrar.

– Sólo es válida para entrar una vez. La tía era como un disco rallado.

– Mira, es que ya he acabado mi visita, sólo quiero ir al embarcadero.

– Sólo se puede entrar una vez.

Y en esto que la mujer se gira, me da la espalda y me ignora por completo. Ahí ya empezó a hervirme la sangre. Me puse a explicarle mi situación a un militar que estaba justo al lado, controlando los accesos y había escuchado todo. El militar me dice que me entiende pero la que manda es ella; me vuelvo a acercar a la mujer, intento ponerme delante de ella para enseñarle mis entradas, el ticket para el barco, intentando razonar, y la tía se va girando para quedar siempre de espaldas, ignorándome por completo. Os juro que estaba a punto de darle una colleja o algo, pero recordé en qué país estaba y que no me gustaría acabar cavando fosas en Siberia. El militar me dice que no insista, que mejor que compre otra entrada. ¿Otra entrada? ¿Gastarme 700 rublos sólo para ir al embarcadero? No estaba dispuesto a eso.

peterhof

Fui a las taquillas a explicarle lo que había pasado a las que vendían las entradas pero no encontré ni una sola que hablara inglés medianamente bien. Mi grado de desesperación crecía por momentos. Tenía que encontrar una entrada, comenzaba la operación: “me voy a colar en Peterhof como sea”. Di una vuelta por los jardines y no pude ver ningún lugar por el que colarme, hasta que pasando por delante del palacio…una puerta abierta, nadie vigilando. Era la puerta por donde entraban las excursiones guiadas. Era mi oportunidad, sólo tenía que entrar, atravesar la sala y salir por el otro lado, y ya estaría en los jardines inferiores. Pero en cuanto crucé la puerta y puse un pie en el palacio… una mujer que vigilaba la puerta en la sombra se acerca corriendo.

– Perdona, me ha pasado esto (le expliqué la situación), y yo sólo quiero poder ir al embarcadero a coger el barco.

– NET NET NET NET.

Comienzo a sacarle las entradas, a explicarle que lo único que quería era poder marcharme sin tener que volver a pagar la entrada, pero la mujer no está por la labor (joder, era como intentar dialogar con Rajoy). Hasta que al fondo de la sala, veo al hombre al que le había preguntado previamente cómo podía visitar los jardines. Lo llamo, el hombre se acerca y haciéndole recordar que yo le había preguntado antes, le explico mi situación. El hombre me escucha con gesto serio mientras la otra mujer comienza a decirme cada vez más alterada: ADMINISTRATION!! ADMINISTRATION!!!, indicándome que me fuera de allí y reclamase en administración (que ni sabía dónde estaba). Al estilo ruso, le doy la espalda a la mujer y sigo hablando con el hombre. En ese justo momento llega una excursión de japoneses, iban a entrar pero yo estaba justo en medio de la puerta, atrancando la entrada. La mujer comienza a desesperarse y grita cada vez más fuerte:

– ADMINISTRATION!!! ADMINISTRATION!!!

Los japoneses comienzan a empujar, a sacar sus tickets y a enseñarlos extendiendo sus brazos por detrás de mi para que les dejen entrar, yo haciendo tapón en la puerta con todas mis fuerzas, el hombre con gesto serio empezaba a sudar mientras yo le seguía rogando. Situación completamente surealista (Dalí hubiese estado orgulloso de mi). Hasta que el hombre le dice algo en ruso a la mujer que no dejaba de gritar. No entiendo absolutamente nada de ruso, pero por el tono en que lo dijo y el gesto que puso, debió ser algo así como: “a ver, el chaval tiene razón”; al menos a mi me sonó a eso. La mujer se calla de repente y el hombre serio me dice que lo acompañe. Llama a un militar que estaba de guardia ahí cerca y le dice algo en ruso; ahí pensé que a lo mejor lo que le había dicho a la mujer era: “¿lo fusilamos?” Pero no, vuelve a acercarse a mi y muy amablemente me dice que siga al militar, que me acompaña hasta la salida del palacio por los jardines inferiores; sólo me falto darle un abrazo a ese hombre. Resultado de toda esta movida: Javi 1- Rusas intransigentes 0. Volví a atravesar los jardines y pude por fin coger el barco que me llevaría de vuelta a San Petersburgo. ¡Y sólo eran las dos de la tarde!

 

FORTALEZA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO

Después de comer en un restaurante en la avenida Nevsky, me dirigí a recorrer la fortaleza de San Pedro y San Pablo, lugar original de fundación de la ciudad por Pedro el Grande. Aquí, dentro de la Catedral, podemos observar las tumbas de los Romanov, destacando el sarcófago de Pedro el Grande y la famosa tumba del último zar: Nicolás II y sus hijas, entre ellas la archiconocida princesa Anastasia (aunque la leyenda popular siga diciendo que escapó a la masacre y su linaje espera para reclamar algún día el trono de Rusia).

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En la fortaleza también encontramos, aparte de la catedral, varios museos (el de Historia y el de Exploración Espacial) y la posibilidad de un agradable paseo sobre sus murallas. En este punto, después de la caminata de ayer y de la de esta mañana, mis pies comenzaban a decir ¡BASTA!. Dediqué buena parte de la tarde a ver la fortaleza, con calma, descansando de vez en cuando porque ya cojeaba de la cantidad de llagas que tenía. Maldita manía mía de caminar tanto…

 

LOS PUENTES DE SAN PETERSBURGO

Descansé un poco al final de la tarde, y después de cenar me dirigí a ver el espectáculo del levantamiento de los puentes. San Petersburgo tiene 400 puentes de los cuales 200 son peatonales y sólo 22 son levadizos. Ver cómo se levantan los puentes es verdaderamente un espectáculo que paraliza parte de la ciudad durante unos 15-30 minutos; el río se llena de barcos que van de un puente a otro, el tráfico a los lados del Neva se para, la gente se baja de los coches para verlo, atestando de gente las orillas del río, ponen música clásica por los altavoces para acompañar el levantamiento…es sencillamente, espectacular (y más durante las “noches blancas” que pude vivir). Os dejo un video para que podáis disfrutarlo, aunque es bastante más impresionante en directo:

BRICONSEJO: de ninguna manera debes perderte el levantamiento de los puentes de San Petersburgo. Algo tan simple se convierte en una de las mejores atracciones de la ciudad. Cuidado desde qué orilla lo ves, no vaya a ser que luego no puedas regresar a tu hotel (conviene revisar los horarios, que suelen tener en varias webs y que exponen en las entradas y salidas de los puentes).

 

 

Continúa en: “Ir de San Petersburgo a Moscú”

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