Masificación

 

EL PROBLEMA DE LA MASIFICACIÓN

Hoy os voy a dar mi punto de vista sobre un problema de tremenda actualidad: la masificación turística, que tiene mucho que ver con el desarrollo del turismo sostenible. Y es que, en los últimos años, se ha producido un auge del turismo a escala global. Pienso que motivado, en gran parte, por la socialización de los precios; es decir, viajar, a día de hoy, puede ser tremendamente barato en comparación con hace 20 años. El desarrollo de internet ha provocado una oferta y unamasificación competencia sin precedentes en la historia, lo que ha hecho bajar los precios y que cualquiera pueda acceder a ese viaje soñado. Hasta hace poco no teníamos ni idea de lo que era una aerolínea “low cost”, un “airbnb”, un “uber”, un “metabuscador” de ofertas o simplemente para viajar, no nos quedaba otra opción que ir a una agencia de viajes y que ellos nos vendiesen un paquete. A día de hoy no, a día de hoy cualquiera puede meterse en internet, buscar las mejores ofertas y planificarse un viaje por libre. No me malinterpretéis, no estoy en contra del libre mercado y de la competencia, ni mucho menos de que viajar sea barato, pero toda acción desencadena una reacción, y la reacción en este caso ha sido el desenfreno turístico con el consiguiente impacto en las zonas que lo sufren.

 

LOS EFECTOS DEL TURISMO

Existen muchísimos efectos negativos del turismo y su masificación. Barrios céntricos convertidos en barriadas para turistas, donde sus habitantes de toda la vida se ven desplazados por la pujanza de los alquileres de la zona. Playas donde no cabe ni un alfiler, en las que no se puede disfrutar de la tranquilidad. Monumentos históricos donde es imposible hacerse una foto o ni tan siquiera, alcanzar un sitio para disfrutar de las vistas. Calles atestadas de gente por las que apenas se puede caminar. Todo esto está empezando a provocar tensiones entre turistas y lugareños (como las recientes en Barcelona, Bilbao o Mallorca); semejante flujo de visitantes amenaza la convivencia, satura las infraestructuras y es un peligro para el ya de por si, dañado medioambiente (pese a lo que diga el “amigui” Trump). La Organización Mundial de Turismo calcula que 1200 millones de personas se movieron por el mundo en el 2016; el problema no es la cantidad (bastante elevada), sino que todos vamos a los mismos lugares. Invertir esta tendencia depende de nosotros. Y es que hay sitios en el mundo poco conocidos, que también merecen nuestra atención. ¿Quién iba hace 40 años a las playas de Tailandia? ¿O a recorrer la costa croata (Yugoslavia por aquel entonces)? ¿Cuántos invertían su tiempo en conocer Rosslyn? Destinos desconocidos o poco atractivos a priori, pueden ser los mejores el día de mañana, ¿porqué no descubrirlos antes que nadie?

 

Muchos lugares míticos en el mundo están empezando a verse amenazados. Este julio de 2017 comenzó a aplicarse la restricción de visitas a Machu Picchu; llega tarde, la zona ya está visiblemente afectada por años y años de impacto turístico salvaje. Venecia está absolutamente desbordada por el tráfico de cruceros, de modo que ya recomiendan alojarse fuera de la ciudad. Sacar una foto a la Gioconda en El Louvre es una tarea verdaderamente complicada. El tramo de Badaling en la Gran Muralla China está completamente desaconsejado por la oficina de turismo china si no quieres estar como en una lata de sardinas. La Fontana de Trevi ha tenido que ser vaciada y limpiada varias veces por la cantidad de monedas que los turistas lanzaban al agua. Ver a gente haciendo poses estúpidas frente a la torre de Pisa se ha convertido en el nuevo atractivo de la localidad. Y no me tengo que ir tan lejos para buscar ejemplos; en Ribadeo, muy cerca de La Coruña, se encuentra la famosísima Playa de las Catedrales, considerada una de las más bonitas del mundo; pues bien, hace 2 años, han tenido que limitar las visitas en época vacacional, porque el lugar se estaba desbordando.

 

Y es que somos así de tontos, vamos a un lugar sólo porque se pone de moda. Es cierto que hay sitios de “visita obligada” que siempre lo han estado, pero por favor, un poco de sentido común. ¿Hacer rutas masivas a lugares porque  vamos a un lugar sólo porque se pone de modaaparecen en Juego de Tronos o en cualquier otra superproducción? ¿Ir a visitar la librería Lello en Porto porque sale en Harry Potter y ni siquiera tener la decencia de comprar un libro? ¡Es un negocio, viven de la venta de libros, no de que tú vayas a hacerte fotos! (normal que ahora cobren la entrada). Es cierto que la televisión, el cine, pueden hacer famoso a un lugar (acordaos de la playa Ko Phi Phi Lee, de la película La Playa), pero ese lugar siempre había estado allí, y nadie se había molestado en intentar descubrirlo. Hay muchos lugares en el mundo esperando a ser descubiertos, animaos a ello. No sigáis a la manada como borregos o, al menos, si lo hacéis, hacedlo con sentido común, intentando molestar y alterar lo menos posible lo que ya estaba ahí antes de vosotros.

 

POSIBLES SOLUCIONES

Mucho se está hablando estos días en España (y en otros lugares del mundo) de turismo sostenible, de turismo responsable. Yo creo que es un tema, principalmente, de educación y sentido común. No podemos hacer turismo como si fuésemos vikingos que van a asaltar una aldea. ¿Levantarse a las 6 de la mañana para coger sitio y colocar la toalla en la playa? ¿Estamos hablando en serio? Tampoco podemos pretender que nuestros países o ciudades vivan del llamado “dominguero” ¿Promocionar el turismo de borrachera, prostitución y desenfreno? ¿Es eso lo que queremos? Creo que todo debe tener un límite, y si queremos que esto se sostenga, todos debemos aportar nuestro granito de arena. Nosotros, como turistas, deberíamos empezar a apostar por destinos menos masificados, visitar los masificados fuera de la temporada alta y a comportarnos fuera de nuestra casa, como si estuviésemos en ella. Las instituciones, por su parte, deberían poner veto al número de turistas en ciertas zonas (controlando la oferta de alojamiento) y sancionar a quienes apuesten por un tipo de turismo dañino para los habitantes del destino. No es una tarea fácil, requiere que todos seamos conscientes del problema y arrimemos el hombro, al fin y al cabo, el planeta es nuestro, y es la herencia que le dejaremos a nuestros hijos.

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