London

Antes de empezar este post voy a confesarme: London (me gusta llamarla así porque suena a preservativo) me parecía una mierkfjdkljvjkdhidvjsdkn…pues eso, que no me llamaba nada la atención; no sé porqué, no había ninguna razón para ello, simplemente era una ciudad que no me atraía. Recuerdo la cantidad de discusiones que había tenido con mi amigo Richi, para el cual Londres es la mejor ciudad del mundo, sobre visitar esa ciudad. Pero un buen día, mirando vuelos, algo que suelo hacer bastante a menudo (os recomiendo mi tutorial sobre cómo encontrar vuelos baratos), encontré una oferta para ir desde Santiago: 3 días, salida un viernes tarde y vuelta un lunes por la noche. Pues venga, cogí  2 billetes, uno para mí y otro para Marta (la desequilibrada que me acompaña en muchas de mis aventuras, el tipo de persona que, vete a saber porqué, tiene una aplicación para detectar huracanes en el móvil) y me dispuse a saber cuánto había de equivocado en mi pensamiento. No estaba seguro de poder ver todo lo que pretendía en 3 días pero planificando y midiendo bien los tiempos era posible.

 

BRICONSEJO: si quieres ver una gran ciudad en pocos días necesitas madrugar, una buena situación y usar el transporte público lo más hábilmente que puedas. El resto queda en andar mucho y dormir poco. Puedes consultar más datos en “tiempo para un viaje”.

 

Sabíamos que Londres es cara, muy cara, y que si queríamos ahorrar tiempo, necesitábamos mucho metro y un hotel lo más céntrico posible. Los hoteles aquí no sólo son caros, sino también “malos de carallo” (que dirían en mi tierra). Buscamos durante días y al final cogimos una habitación en un hotel junto a la Estación Victoria, a unos pasos del Palacio de Buckingham. El Z Hotel no fue barato, tampoco excesivamente caro para lo que es Londres y la situación; la habitación, un pequeño zulo sin ventanas donde había que maniobrar con cuidado para no chocar con una pared, la mampara de la ducha o la cama, era enana pero muy limpia. Y es que yo no soy muy exigente con los hoteles, con que los bichos que haya no sean más grandes que mi mano…

 

También éramos conscientes de que necesitaríamos usar mucho metro. El metro de Londres es cómodo y rápido, y la red cubre bastante bien toda la ciudad. Nada más llegar nos hicimos con unas Tarjetas Oyster, que es un abono rápido para los transportes en Londres.

 

BRICONSEJO: la Oyster Card es una tarjeta monedero, de uso unipersonal (no se puede compartir), que sirve para pagar con descuento en los transportes públicos de Londres. Se puede comprar en cualquier estación de tren o metro, en cajero o taquilla, vale 5 libras pero si la devuelves al final, te devuelven ese importe (junto con el importe no consumido). Una vez la tengas, sólo tienes que recargarla cuando se te acabe el saldo que te va marcando cada vez que usas un viaje. Se puede usar en metro, autobús, tren y tranvía, sólo dentro de la ciudad de Londres. Con la Oyster no sólo te cobrarán la tarifa más barata por trayecto, sino que a partir de un tope de gasto de viaje en el mismo día (dependiendo de la zona, en zona 1 y 2 por ejemplo son 6´50 libras), el resto te saldrán gratis.

 

Llegamos al aeropuerto de Gatwick el viernes a eso de las 18 de la tarde. Aún nos quedaba un buen camino hasta el centro. Cogimos el Gatwick Express para ir directamente y sin paradas hasta la Estación Victoria.

 

BRICONSEJO: el Gatwick Express es la manera más rápida de ir de Gatwick al centro de Londres. Un tren directo, sin paradas, que en 30 minutos te deja en la Estación Victoria, desde donde puedes conectar con trenes, metro y autobuses a donde quieras. Pasa cada 15 minutos entre las 5 y las 23:45, cuesta 19´90 libras el viaje (34´90 ida y vuelta) y se puede reservar online aquí. Hay una opción más barata pero más larga, en un tren que se llama Southern Railway, que con menos frecuencia, más paradas y por unas 11 libras, también te deja en Victoria Station.

 

Una vez llegados a la estación, y como el hotel quedaba al lado, nos instalamos y salimos sin perder tiempo (lo bueno de tener un hotel bien situado). Fuimos andando a ver el Palacio de Buckingham, por fuera, que el horario de visitas es entre 9:30 y 19:30.

Palacio de Buckingham

BRICONSEJO: la entrada del palacio es válida para todo el año si se sella a la entrada (cuesta 22´50 libras). Hay que tener en cuenta que los salones sólo abren cuando la reina está de vacaciones (dicen que agosto y  septiembre, pero para mi que se pasa de vacaciones todo el año). Si se quiere ver el cambio de guardia hay que ir pronto para coger sitio.

Trafalgar Square Leicester Square

De allí fuimos, atravesando la conocida calle The Mall, que atraviesa el Parque de St James, a Trafalgar Square. Esta plaza es considerada por muchos el auténtico centro de Londres y aquí es donde se hacen las celebraciones multitudinarias en esta ciudad, con la Galería Nacional como espectadora de lujo. Paramos a cenar muy cerca, en un sitio bueno, bonito y barato llamado Byron Haymarket (os lo recomiendo), frente al Majesty´s; allí un camarero italo-andaluz, nos recomendó amablemente que, en vez de pedir agua de botella (que costaba 5€ cada una), pidiésemos una jarra de agua del grifo, que es gratis y sabe igual. Después seguimos hacia Leicester Square (justo por detrás de la Galería Nacional) donde me volví loco en la tienda oficial de merchandising de M&M (que hace esquina en la plaza).

 

BRICONSEJO: en Londres no pidas aguas embotelladas, pide agua del grifo; es GRATIS.

BRICONSEJO: la Galería Nacional es una de las mayores pinacotecas del mundo. La entrada es gratis. Leonardo, Rembrandt, Velázquez, Turner, Miguel Ángel, Caravaggio…encontraréis una infinita cantidad de artistas con sus obras colgadas aquí (puede que Los Girasoles de Van Gogh sea la más famosa de todo el museo). Los viernes se realizan visitas nocturnas hasta las 21:00.

BRICONSEJO: aunque es una plaza muy animada, Leicester Square es famosa por sus hábiles carteristas (a día de hoy bastante controlados), así que mantened vuestras posesiones vigiladas.

Soho londinense

Después de una parada en Picadilly (la conocida imagen de las películas con sus carteles publicitarios luminosos), nos dirigimos a callejar al famoso Soho londinense; recomiendo empezar por Chinatown y perderse por sus animadas calles y bares. Poco a poco, y a base de caminar, fuimos bajando hacia el río, hasta llegar frente al Big Ben. Daba gusto verlo, tan iluminadito, tan poca gente alrededor, una noche tan buena. Saqué mi móvil (yo viajo sin cámara), enfoqué el monumento, y justo una décima de segundo antes de que apretara el botón… ¡¡¡APAGAN las putas luces!!! ¿Cómo? Pero, pero, pero…¿what happend? Parecía que me estaban gastando una broma y la cabrona de Marta no hacía más que descojonarse de la cara de tonto que me quedó.

En el camino de vuelta no pudimos dejar de asombrarnos con la Catedral de Westminster (que no la abadía, no la confundáis) a franjas blancas y rojas, en estilo neobizantino (es raro encontrar en Europa este tipo de arquitectura); verdaderamente llama mucho la atención ahí en medio de una gran avenida. Pese al cansancio, había sido un día provechoso; en una noche y una gran pateada, nos habíamos hecho un recorrido de lo más completo por el centro de Londres. Ahora tocaba volver al hotel y descansar para empezar temprano al día siguiente.

Catedral de Westminster

 

Continúa en: día 1, “la City”

    2 Responses

  1. La oyster también se consigue en el aeropuerto o bien en oficina con unos amables señores que te dan un mapa y te explican cosas o en las máquinas que hay justo antes de entrar al metro, por lo menos en Heathrow.

    1. Si, las Oyster pueden conseguirse en varios puntos de venta: estaciones de tren, metro, aeropuertos… pero pienso que cuando vas con poco tiempo, lo más rápido es hacerla en los cajeros del metro.

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