Día 8: “Jaipur, la ciudad rosa”

¿Una habitación? ¡Habíamos reservado dos!, pero al tipo no parecía importarle mucho. Estábamos cansados, teníamos sueño, nos habíamos pasado 7 horas en un autobús infernal y necesitábamos dormir. El “amable” señor de recepción nos enseñó la única habitación que tenía, dos camas, pequeñas, ahí no cabíamos los 4 ni de coña; así que yo me quedé con Cleis discutiendo con el señor del hotel, mientras Rick y Jose fueron a buscar alternativas. Al cabo de unos 20 o 30 minutos volvieron:

– Joer, están todos los hoteles llenos o con los empleados durmiendo.

– Pues a ver qué hacemos…

– Yo digo de marcharnos e ir preguntando uno por uno hasta encontrar alguno libre.

Y cuando estábamos a punto de irnos, el tipo del hotel nos ofreció una habitación triple que tenía libre.

– Ahora, ¿no?, cuando ves que nos marchamos…

 

BRICONSEJO: a veces, para conseguir lo que quieres, amagar con irse es la solución más rápida, incluso a la hora de regatear. Si quieres que bajen de golpe el precio, te alejas poco a poco y lo más seguro es que acaben acercándose.

 

Nos enseñó la habitación y la verdad que estaba de lujo, de lo mejor que habíamos visto en India hasta entonces (y había agua caliente, ¡por fin!). Le regateamos un poco el precio y nos la quedamos por 300 rupias por cabeza (un poco menos de 4€). Dormimos y nos duchamos a cuerpo de rey y, a la mañana siguiente, tomamos el desayuno en la espectacular terraza del hotel, viendo todo Jaipur, la conocida como “ciudad rosa”, por el color de los edificios de la zona antigua. Después de aguantar al “insistente” dueño del hotel para que escribiera una reseña sobre ellos en Tripadvisor, bajamos a la calle dispuestos a recorrer la ciudad, la capital del Rajasthan. Pensamos que, como queríamos ver varios sitios, lo mejor era negociar con un rickshaw para estar todo el día con él. Paramos a uno y de repente, alrededor nuestra se montó una concentración de rickshaw dándonos cada cual un precio diferente.

 

BRICONSEJO: si quieres conseguir un buen precio en un rickshaw, no hay como juntar a varios y que se maten entre ellos, rollo subasta. El que os de el precio más barato, con ese os vais.

 

JAIPUR

Al final acordamos con uno y allá nos fuimos los 4 encaramados al rickshaw. Primero nos llevó a ver el Fuerte Amber, una fortaleza-palacio a unos 11 kilómetros del centro. Su situación, así como sus vistas, son increíbles y, sin duda, es la visita imprescindible en esta ciudad. De allí, volviendo hacia el centro, paramos en el Lake Palace, un palacio en medio de un lago (como su propio nombre indica), bastante parecido al famoso de Udaipur, que da para una bonita foto, pero no para mucho más.

Fuerte Amber jaipur Fuerte Amber

BRICONSEJO: el Fuerte Amber es la visita imprescindible de Jaipur. Una fortaleza sobre una colina, junto al lago Amber. Abre todos los días de 8:00 a 17:30 y cuesta 200 rupias. El camino de subida es largo y costoso (unos 20 minutos a pleno sol), llevad agua. Encima de él, sobre otra colina, el Fuerte Jaigarh, con unas vistas todavía mejores que el primero.

Siguiente parada, Monkey Temple. Había leído que el Monkey Temple de Jaipur era impresionante, un conjunto de estanques y templos en medio de la naturaleza en una colina. Si lo buscáis en internet, las fotos son preciosas. La subida es larga, por un camino de tierra atestado de monos que se acercan a pedirte cosas. Hay gente vendiendo cacahuetes para darle a los monos. Al llegar casi arriba de la colina, un camino seguía bajando y otro subía un poquito más; preguntamos a un señor por el Monkey Temple y nos señaló el camino ascendente. Seguimos subiendo y llegamos a la cima, a un templete con unas maravillosas vistas pero muy sencillo.

Monkey Temple

– Vaya, ¿es esto?

– Pues no es para tanto.

– Bueno…tiene buenas vistas.

– Si, pero entonces en internet están equivocados.

No amigos, en internet no están equivocados, los equivocados éramos nosotros. Teníamos que haber seguido un par de kilómetros más por el camino que bajaba, en vez de haber ido hacia arriba como nos indicó el hombre aquel. Pero en ese momento nadie se percató de eso, ¿había monos no?, pues era el Monkey Temple; deshicimos el camino andado y hasta el conductor del rickshaw se sorprendió de que hubiésemos regresado tan pronto. Así que puedo decir con una bonita cara de imbécil, que yo estuve en Jaipur, y no vi el Monkey Temple.

Un poco decepcionados por lo poco asombroso de lo que creíamos era el Monkey Temple, volvimos a la ciudad a visitar el Mawa Mahal, también conocido como “el palacio de los vientos”, una de las principales muestras de arquitectura rajput en la India, con su vistosa fachada desde la que las mujeres del harén podían ver la ciudad sin ser vistas. Otra visita interesante si pasas por Jaipur, aunque su interior no sea tan espectacular como su exterior.

Mawa Mahal

Antes de finalizar nuestro pequeño tour, nuestro chófer nos propuso ir  a ver una cosa que se llamaba “la casa de los elefantes”. La verdad que por el nombre nos imaginábamos una especie de reserva natural llena de elefantes, donde campan a sus anchas en plena naturaleza. Pues no. Es una especie de nave industrial destartalada donde tienen unos cuantos elefantes malnutridos y encadenados. Sentimos asco y rabia a partes iguales y le pedimos al hombre que nos sacase de allí.

 

BRICONSEJO: si en Jaipur os quieren llevar a ver “la casa de los elefantes” negaros en redondo. Tardamos varios días en que se nos pasase le impresión de aquel lugar. Además, si queréis ver elefantes, en Jaipur, y en todo el Rajasthán en general, suelen verse muy a menudo por los caminos y las carreteras.

Para ser una capital, Jaipur no se ve tan caótica como Delhi (es verdad que no tiene su tamaño), es mucho más barata y se hace bastante más agradable. Para terminar el día, queríamos ir al cine (si vienes a la India es una experiencia que hay que tener). Fuimos al Raj Mandir, el cine más mítico de Jaipur; la cola era kilométrica, nos pusimos en ella sin entender muy bien el sistema y, de repente, cuando abrieron las taquillas, gente apiñándose, saltando por encima, empujones, descontrol, la policía a porrazos con los que estaban en la cola…y todo por una película. Salimos de allí cagando leches y decidimos dejar el cine para otra ocasión, en otra ciudad. Nos fuimos con la sensación de estar viviendo en primera persona, una buena muestra de tercermundismo. La verdad que no pudimos quedar más impresionados de todo aquello.

Raj Mandir

 

 

Continúa en: día 9, “un lugar donde desaparecer”

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