Día 2: “Delhi o la muerte en cada esquina”

Si el avión a Estambul iba medio vacío, el vuelo a Delhi iba hasta la bandera. Cinco horas de vuelo en las que, nuevamente, no fui capaz de pegar ojo, yo creo que ni aunque me chuten morfina. Otra vez un vuelo súper tranquilo y un gran servicio de Turkish, y después de 5 horas, tomamos tierra en el Aeropuerto Internacional Indira Gandhi de Nueva Delhi, eran las 4 de la madrugada. El avión se para pero nadie se mueve, “que extraño” pienso yo, y en esto que pasan las azafatas con unos aerosoles fumigando todo el avión antes de abrir las puertas…en los días de mi vida. Salgo del avión y capto un extraño olor en el ambiente, un olor completamente desconocido para mi, ¿a qué huele la India?, la India huele a una mezcla de especias, mierda, flores y sudor, todo condensado en el ambiente, difícil de explicar pero muy característico. ¿Agradable? no, ¿desagradable? tampoco, extraño.

 

DELHI

Emocionado por haber puesto el pie en este país, entro en el aeropuerto, nunca había visto un aeropuerto totalmente enmoquetado (joder, con la de ácaros que tiene que haber aquí, ¿y cómo hacen para rodar las maletas sobre la moqueta?). Era madrugada, así que mi única opción de transporte era un taxi, estaba muy cansado (llevaba dos noches enteras sin dormir) así que no tenía ganas de regatear el precio, me dirigí a la ventanilla de taxis prepago y pagué un taxi hasta Paharganj (la zona mochilera de Delhi), que era donde tenía mi hotel.

 

BRICONSEJO: en los aeropuertos de muchos países, sobre todo en los que se suele regatear el precio de las cosas, hay oficinas de taxi dentro del mismo aeropuerto que te cobran un precio fijo por distancia. Les enseñas a dónde quieres ir y ellos te venden un ticket que canjearás después en el taxi. Muy útil si no tienes claro el precio establecido.

 

Ahí iba yo, con mi ticket para el taxi número 40, el aeropuerto estaba relativamente tranquilo, había poca gente. Me dirigía a las puertas de salida y en cuanto éstas se abrieron…de repente me sentí como Bon Jovi saliendo por las puertas de su hotel. Había como mil personas apiñadas detrás de las vallas de seguridad gritando y agitando los brazos para que te acercaras. “Bufff, ¿y yo tengo que pasar por ahí?”, pensé. Pues venga, valor y al toro, hacia la multitud que fui. Te hablaban, te agarraban, te ofrecían transporte, cosas para venderte, madre mía que agobio…yo iba a empujones entre la muchedumbre hasta que alguien me agarró del brazo y me sacó de allí.

– ¿Tienes taxi prepago?, me dice el hombre.

– Si, el número 40.

– Es el mío, ven conmigo.

Vaya casualidad, que suerte he tenido. Y mientras me alejaba de la multitud detrás del tipo aquel que se iba hacia el lado contrario de donde están los taxis prepago, me di cuenta. Ya me la estaban intentando colar. Probablemente me llevaría en su taxi y luego me contaría una historia de que el ticket no vale y tendría que volver a pagar, así que le digo que paso, que me voy para el otro lado. Y ni corto ni perezoso lo dejo allí con la palabra en la boca.

 

BRICONSEJO: en la India, sobre todo en Delhi, existen infinidad de timos a turistas. A lo largo de mi relato iré contándoos los más famosos para que los tengáis en cuenta si viajáis allí. No os lo tenéis que tomar muy a pecho (yo al principio lo hice y los quise matar a todos), al fin y al cabo es una forma que tienen de sobrevivir y al cambio, puede que no os estén sacando más de 3 o 4 euros. Duelen más en el orgullo que en el bolsillo.

 

Volví a la zona de taxis prepago y me encontré con 3 taxistas hablando entre ellos. Me coloqué delante del coche que tenía el número 40 y les dije:

– ¿Qué, alguien me lleva?

Y los tíos empezaron a discutir entre ellos quien me llevaba. Yo no me lo podía creer, se lo estaban echando a suertes… Hasta que al final uno de ellos se resigna y me dice:

– Monta que te llevo yo.

¿Qué pasa?, ¿aquí los taxis no tienen propietario?, me negaba a tratar de entenderlo o a preguntarle, estaba demasiado cansado, sólo quería coger mi cama y dormir. Y fue entonces cuando empezó, arrancó el motor, se puso en marcha y dio inicio el “Grand Theft Auto Nueva Delhi Cágate Lorito”. El taxista empezó a acelerar, un coche de frente, una moto lateral, ¡cuidado con esa vaca!, todo el mundo pitando, no respetaban los carriles, ¿3 semáforos en rojo? nos los saltamos, se pegaban unos a otros hasta casi rozarse, ¿4 en una moto? y el conductor hablando por el móvil, luces y claxons venían de todos lados, ¿vamos por el arcén? ah no, es que la carretera es tierra, ¿la rotonda por la derecha o por la izquierda? por donde cuadre, yo iba rebotando en el asiento de atrás contra las puertas a cada volantazo. Nunca, repito, nunca he tenido miedo en un coche hasta ese momento, el corazón me iba a mil por hora y el cabrón del taxista parecía que se estaba durmiendo mientras hábilmente sorteaba todo lo que nos encontrábamos por la carretera. 30 minutos duró aquel martirio en el que vi la muerte cara a cara varias veces, hasta que de repente, frenazo:

– Paharganj, hemos llegado. Dice el taxista mientras suelta un bostezo.

Y yo, temblando, con los hombros magullados de tanto haber golpeado contra las puertas le digo:

– Gracias, Ayrton Senna.

No creo que entendiese el símil, tampoco creo que supiese quien fue Senna. Me bajé del coche, desorientado y mareado. No pude ni mirar donde estaba. Entré en el hotel, subí las escaleras y llegué a la recepción. Allí había un tío durmiendo en un sofá destartalado, otro encima del mostrador de la recepción y otro en el suelo. ¡Viva la India! Intento despertar al que está encima del mostrador:

– Mira perdona, tengo una reserva.

– Ashdjahfuehfen…

No entiendo el hindi pero creo que ni aunque lo entendiese aquello hubiese tenido sentido. Es lo típico que soltamos cuando alguien quiere despertarnos y lo queremos mandar a la mierda. Así que lo zarandeo con fuerza:

– ¿Me das mi habitación?

Y el tío finalmente se despierta, me hace el registro a regañadientes y me da una llave. Subo las escaleras, abro la puerta de mi suite y ni me importó que no fuera el Palace. De hecho era bastante mierder, pero me daba igual, ya estaba instalado. Caí desmayado en la cama con la ropa puesta dispuesto a dormir todo lo que no había dormido los dos días anteriores. Había llegado, había muerto y ahora ya sólo quedaba resucitar.

  mi suite

 

 

Continúa en: día 2, “segunda parte”

    2 Responses

  1. Ya estás preparado para el tráfico en Colombia entonces! Y el hotel es fantabuloso! En España estamos muy mal acostumbrados con los hoteles

    1. Jajajaja seguro!!! El tráfico en sudamérica también es bastante caótico. Del hotel no te fíes mucho lo que veas en las webs de reserva, es bastante peor. De todas formas los he tenido muchísimo peores que ese sin dudarlo. Gracias por comentar, una abrazooo!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *