Día 17: “carretera y manta”

Amanece en el desierto. No tenemos muy claro la hora que es todavía pero el olor a chai ya llega a nuestras narices como agua de mayo. Los guías se levantaron pronto para hacernos el desayuno, el sol estaba saliendo, la sensación era de una paz abrumadora. Desayunamos juntos, sentados en las dunas del desierto, viendo como amanecía. Mariano, un chico argentino que llevaba varios meses dando la vuelta al mundo le pregunta a uno de los guías:

– ¿No hay más té?

– Namasté, le responde el guía.

desierto Thar

Y ya tuvimos coña para el resto del viaje. Allí estábamos todos los que hablábamos castellano muertos de la risa sobre las dunas, mientras los italianos, los australianos y los indios no entendían nada. Es lo que tienen los idiomas, que a veces confunden (benditos “false friends”). Anécdota similar pasó el día anterior en la casa de una de las familias del desierto, cuando la señora de la casa se acerca a Toni y le pregunta:

– What´s your name?

– Toni, and you?

– And you?, responde la señora.

– Toni, and you?

– And you?, vuelve a responder; hasta que Toni se dio cuenta que lo único que la señora sabía decir en inglés era “what´s your name”.

desierto Thar

El viaje de vuelta a Jaisalmer se hizo largo, con el culo dolorido por los trotes camelleros de ayer y con la banda sonora de uno de los guías, que como un disco rayado no dejaba de cantar el “no woman no cry, no chapati no chai” (la versión india del clásico de Bob Marley). Horas después, llegamos a Jaisalmer de nuevo y fuimos nuevamente a callejear acompañados de Mariano y Toni.

 

Hay veces en la vida que te encuentras con personas que te hacen reconciliarte con el mundo y olvidarte de toda la mierda que vivimos y tragamos día a día. Mariano y Toni eran dos de esas personas, gente que te contagia su alegría y sus ganas de vivir (al igual que lo fue Bony en Jodhpur). Es este tipo de encuentros los que verdaderamente dan valor a los viajes, muy por encima del destino a visitar siempre están las personas que se cruzan en nuestro camino. Como decía Tim Cahill: “un viaje se mide en amigos, no en millas”.

jaisalmer

Llegada la tarde, Cleis y yo nos dirigimos a esperar el autobús que nos llevaría a Udaipur. Era un viaje largo de 12 horas y por la noche así que decidimos elegir un “cómodo” sleeper bus para poder ir durmiendo tranquilamente (ilusos de nosotros). Si queréis saber qué es un sleeper bus, sólo tenéis que consultar la entrada: “botellón en el desierto”. Llegó el bus y nos acomodamos en nuestra “pecera” o “nicho” llamadlo como queráis, y la verdad es que no era incómodo del todo, pero claro, el autobús estaba parado, no contábamos con el efecto carretera. ¿Y cómo es ir 12 horas en un sleeper bus por las carreteras de la India? La sensación es muy fácil, cogéis una lavadora industrial, os metéis dentro y programáis 12 horas de lavado. Es prácticamente lo mismo. Chocas contra las paredes, contra el que va contigo, a veces casi contra el techo, cuando vas más tranquilo alguien te abre la puertecilla, vamos, como ir en bussiness.

 

BRICONSEJO: viajar en sleeper bus es toda una experiencia que hay que probar, pero yo lo restringiría a un trayecto corto. A no ser que tengáis el sueño como esta gente que no se despierta ni que caiga su edificio.

 

A las 5:00 de la madrugada llegábamos a Udaipur, con una hora de adelanto sobre la hora prevista. Multitud de conductores de rickshaw se agolpaban a las puertas del bus ofreciendo sus servicios. Estábamos tan cansados y con el cuerpo tan magullado que ni negociamos el precio, sólo queríamos llegar cuanto antes al hotel. Pero si habéis leído todas las entradas sobre este viaje sabréis perfectamente lo que pasa cuando llegas a un hotel indio de madrugada…

 

Continúa en: día 18, “Udaipur”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *