Día 1: “Asia a un lado, al otro Europa”

Me empastillé hasta arriba de dormidina, estaba dispuesto a dormir como un lirón, estaba dispuesto a vencer mi incapacidad para dormir sentado. Por delante un vuelo tranquilísimo, cómodo, medio vacío, nunca había volado con Turkish y lo recomiendo, muy buena compañía y buen servicio (se tienen bien ganada su fama). Pero aún así imposible, no pude pegar ojo, ni siquiera cabeceo, veo pelis, paseo, bailo muiñeiras y poco más, es lo único que puedo hacer en un avión. Así que después de casi 5 horas de vuelo, llegamos a Estambul a las 6 de la madrugada. Tenía una escala larguísima, 14 horas tirado en el aeropuerto. Pero aún sin dormir y con todas esas horas por delante, yo quería recorrer Estambul; todavía era muy temprano así que me puse a investigar por el aeropuerto, con la suerte de que me encontré con algo que Turkish ofrece a todos sus pasajeros que tengan una escala de entre 6 y 24 horas en Estambul: un tour gratuito por la ciudad con desayuno y comida incluida. Eso si, tienes que pagar la VISA para entrar al país: 15€ costaba por aquel entonces; te la hacen en el momento y suelen ser bastante rápidos.

 

BRICONSEJO: si tienes una escala larga en Estambul (más de 6 horas) y vuelas con Turkish, la compañía te regala un tour gratuito por la ciudad, sólo tienes que apuntarte en la oficina que está saliendo de las llegadas internacionales a la derecha, junto al Starbucks, y ellos te informan de todo (acuérdate de llevar tu billete). El tour será más largo o más corto dependiendo de la cantidad de horas que tengas, y se adaptan a cada pasajero. Tenéis toda la información de estos tours en este enlace: http://www.istanbulinhours.com/

 

Yo cuando veo la palabra GRATIS en algún lado me vuelvo loco, así que me apunté. Quería ver Estambul y Turkish me lo regalaba, ¿Qué iba a hacer sino? A las 9 de la mañana estábamos listos yo y otros 6 pasajeros (parece que no mucha gente se entera de esta promoción) para irnos de excursión. Te ponen un autobúsQuería ver Estambul y Turkish me lo regalaba enorme, un guía en inglés y te vanSanta Sofía llevando a los sitios más emblemáticos de la ciudad saltándote las colas y sin pagar, ¡bien por Turkish! Primero nos llevaron a desayunar (el mío ya era el segundo desayuno del día) y de allí a la Mezquita Azul y a Santa Sofía. Si habéis estado allí lo sabréis: impresionante. Santa Sofía lleva en pie más de 1500 años y es una auténtica proeza de la arquitectura que ha soportado guerras, terremotos, incendios… La mezquita azul por su parte (en realidad se llama mezquita del sultán Ahmet I) recibe su nombre del impresionante color azul de sus azulejos interiores. Sin duda, las dos visitas imperdibles de esta gran ciudad. En medio de estas visitas pude conocer a una simpática rusa de mi grupo llamada Marina que volvía a su país después de haber pasado 6 meses viajando sola por las playas e islas del sudeste asiático, así que me estuvo contando durante horas como era todo por allí y no hizo sino aumentar mis ganas de llegar.

 

BRICONSEJO: la mezquita azul conviene visitarla por la mañana o a media tarde para evitar así los momentos de oración, más masificados.

 

Pero por ahora estaba disfrutando tranquilamente de Estambul. Y de Santa Sofía fuimos a comer (¡by the face!, está todo pago) y después al Palacio Topkapi, que destaca más por sus vistas del estrecho del Bósforo y sus patios, que por sus estancias palaciegas. Aquí sí que pude recitar aquel verso de Espronceda de: “Asia a un lado, al otro Europa, y allá a su frente Estambul”. Y es que así era, si mirabas a un lado, Asia, si mirabas al otro, Europa…nunca dos continentes tan cerca, nunca un choque de culturas tan visible; eso es lo que hace única a Estambul.

estrecho del Bósforo

Al acabar de visitar el Palacio Topkapi, a todos mis compañeros de excursión le iban a salir sus vuelos pero a mi aún me quedaban bastantes horas, así que la guía me dijo que, si quería, me dejaban tirado en el centro de Estambul, cerca del Gran Bazar, y que cuando quisiera irme, que llamara a un teléfono y pasarían a buscarme donde me dejaron. No es que me fiase mucho del sistema, pero habiendo taxis…¿quién dijo miedo? El bus me paró en el centro y me dirigí raudo al Bazar.

 

El Gran Bazar de Estambul es, como todos los zocos, un laberinto de callejuelas estrechas pobladas de mil tiendas donde sus dependientes salen a tu encuentro para que les compres de todo, y cuando digo de todo, quiero decir de todo. Cuentan que el Gran Bazar tiene más de 60 calles, 4000 tiendas y casi 30.000 vendedores.Gran Bazar de Estambul Aquí pude empezar a desarrollar mi habilidad en el regateo y, aunque no compré nada, reconozco que la actividad en si me resultaba sumamente divertida (hay gente que odia regatear y más adelante escribiré una entrada sobre esto). Pasé varias horas en el zoco hablando con los comerciantes y cuando faltaban pocas horas para que saliera mi vuelo, llamé al teléfono que me habían facilitado y…en 30 minutos tenía a un tío en un coche recogiéndome donde me había dejado la excursión. Nuevamente he de resaltar la eficacia y el buen hacer de Turkish; encantado con esta aerolínea de la que no tengo más que elogios hasta la fecha. El desconocido me dejó nuevamente en Ataturk, uno de los aeropuertos con más gente y tráfico que he visto; todavía me quedaban un par de horas para salir hacia la India. Estambul me había encantado y me prometí a mi mismo volver para recorrer la ciudad con más tiempo y quizás parte del país (podéis leer mi opinión sobre Turquía en esta entrada).

Embarcando nuevamente rumbo a Delhi, el nerviosismo comenzó a abrirse camino en mi otra vez; la India, lo desconocido me esperaba, esto no había hecho más que empezar.

 

 

Continúa en: día 2, “Delhi o la muerte en cada esquina”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *