Día 16: “el desierto del Thar”

Nadie ayer por la noche para hacer el check out y nadie en el hotel a las 5 de la madrugada (¿qué esperábamos?). Me pasó por la cabeza la tentación de irnos sin pagar, pero como prefería ahorrarme problemas, no me quedó más que aporrear la puerta del cuarto donde creía que dormían los dueños. Así como a los pocos minutos de aporreamiento, sale el tío completamente despeinado, farfullando y un poco cabreado; le digo que si me cobra, que nos queremos ir. Al final con la sobada, el tío del hotel nos cobró de menos, y a este sí que no estaba dispuesto a decírselo. Salimos del hotel, todavía era plena noche en Jaisalmer y nos dirigíamos a la entrada de las murallas para comenzar nuestra aventura por el desierto del Thar.

desierto del Thar

RUTA POR EL DESIERTO DEL THAR

Después de que un perro se abalanzase sobre Cleis desde la oscuridad más profunda de un callejón, nos fuimos a desayunar algo antes de encontrarnos con nuestros nuevos compañeros de aventuras. Tres españoles, un argentino, dos italianos y dos neozelandeses, a los que acabamos apodando, cariñosamente, “los kiwis”. Como comenté en la entrada pasada, el tour por el desierto lo hicimos con Ganesh Travels; nos llevaron un buen tiempo en todoterrenos, para acabar más tarde en una caravana de camellos. Hay que advertir que el desierto del Thar, en su mayoría, no es arena solamente, sino que también es roca y vegetación (hierbas bajas y arbustos aislados). A este desierto los indios le llaman: “el gran desierto indio” y ocupa también una pequeña parte de Pakistán. Después de un largo trecho en camello y después de una parada para ver cómo vive la gente en esta zona (practicamente todos viven del pastoreo), paramos para comer; los guías prepararon así un tentempié improvisado bastante bueno, debajo de una zona un poco más arbolada, porque el sol en este desierto es matador. Como curiosidad, decir que el desierto del Thar es donde la India detonó su primera bomba atómica y que aquí se encuentran los últimos ejemplares de “león asiático”.

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Después del almuerzo, con una versión del “Barbie Girl” de mano de uno de los guías (en India pasan estas cosas extrañas), seguimos recorriendo camino desierto adentro, donde cada vez la vegetación era más escasa. Todavía no recuerdo bien a quien se le ocurrió la brillante idea de hacer una carrera de camellos, pero entre que no había ningún jinete experimentado (excepto los guías y el neozelandes, que montaba caballos), que nuestros culos no estaban acostumbrados a los camellos, y que el lugar escogido no era el más adecuado… ahí salimos todos lanzados, el argentino gritando como loco para un lado, mi camello que iba para donde quería, los italianos que perdieron la cámara de fotos en un bandazo del camello, el cabrón del neozelandés que como era jinete de caballos sabía montar e iba lanzado, el camello de no se quien que no quería moverse…vamos, un show!!! Al final los guías tuvieron que ir a buscarnos casi uno a uno y hacer una batida conjunta para encontrar la cámara de los italianos (al final hubo suerte y no estaba muy destrozada, al menos no tanto como nuestros culos).

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Al acabar la tarde llegamos a un claro entre unas dunas, y allí montamos nuestro campamento para pasar la noche. Hoguerita, sacos de dormir tirados por el suelo, cenita rica, charlita y risas, y anochecer en el desierto. Dormir al raso en el desierto, toda una experiencia nada cómoda, pero muy recomendable.

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Continúa en: día 17, “carretera y manta”

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