Día 14: “botellón en el desierto”

Amanecía en Jodhpur y Rick nos abandonaba temprano, su vuelo salía al día siguiente a primera hora de Delhi. Es increíble ver el cariño que se le puede coger a la gente en tan poco tiempo, y cómo se les echa de menos cuando ya no están. Unos completos desconocidos hace unos días, habían pasado a ser como de mi familia en apenas una semana; nos levantábamos juntos, desayunábamos juntos, comíamos juntos, visitábamos cosas juntos…es imposible no estrechar lazos de esta manera. Cleis y yo compramos unos billetes de autobús para llegar a Jaisalmer; teníamos que ir en autobús (no había billetes de tren), por carretera, la única que hay, atravesando el principio del desierto del Thar, que marca la frontera entre la India y Pakistán por el noroeste.

 

Pasamos la mañana comprando cosas, tés sobre todo y por la tarde cogimos nuestro transporte hacia Jaisalmer. Cinco horas y media de autobús indio por una carretera infernal llena de baches y arena. El autobús era medio autobús normal (con asientos) y medio sleeper bus (con camas encima de los asientos); nosotros íbamos sentados abajo.

autobuses indios

BRICONSEJO: en India hay autobuses donde se puede ir durmiendo: sleeper bus (las camas son como nichos, podéis verlas en la foto), otros normales con asientos (como los nuestros) y otros mixtos (la parte de abajo asientos y la de arriba camas). Más adelante os contaré mi experiencia en un sleeper bus (no confundir con la clase sleeper de los trenes).

autobuses indios

En esa situación da tiempo a todo, sobre todo a reflexionar lo extraña que es esta gente para nosotros. Una pareja sube al bus con sus 3 hijos, y como no había sitio para todos, deja a la pequeña en el regazo de un desconocido durante casi 3 horas; se acercó a él, se la apalancó encima, y se fue a sentar al otro extremo del autobús, increíble. El bus se llenaba y vaciaba por momentos, con ratos de auténtico obervooking en los que no cabía un alma y la gente se agolpaba en el pasillo. Si queréis saber más sobre los autobuses en la India, no dejéis de leeros la entrada del Taj Mahal.

autobuses indios

JAISALMER

Por sorprendente que parezca, Cleis conocía a alguien en Jaisalmer, un amigo de una amiga suya, y había contactado con él antes de viajar allí por si tenía algún problema durante el viaje. Así que al llegar a la ciudad, un amigo del amigo de Cleis estaba esperándonos en la estación para llevarnos al hotel. Así funcionan las cosas aquí: amigos de amigos, primos de no sé quien, hermanos de no sé cuanto… Jaisalmer lucía espectacular anocheciendo; un auténtico oasis amurallado en medio del desierto, antigua ruta de caravanas, esta ciudad fue fundada en el 1156. Nuestro hotel estaba fuera de la muralla, pero desde su terraza podíamos ver los impresionantes muros de la fortaleza y era como estar viviendo en un cuento de las mil y una noches. Finalmente, Ashok, el amigo de la amiga de Cleis, apareció por el hotel, subimos a la terraza y junto a sus amigos (tres indios, un suizo, una italiana y una inglesa) nos montó un botellón improvisado (a saber de dónde sacaría las botellas). Se nos hizo noche cerrada entre comer, beber y charlar, estábamos cansados del viaje y mañana queríamos recorrer la ciudad, así que nos retiramos dejándolos a ellos acabar con las existencias de alcohol.

botellón en el desierto

 

Continúa en: día 15, “Jaisalmer, la ciudad dorada”

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